El libro de las mujeres y los hombres malos

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Vial of Delicatessens, dentro de su línea Vial Books, vuelve a sorprendernos con la publicación de El libro de las mujeres y los hombres malos, de Aida García, un libro de microcuentos e ilustraciones que amplían y enriquecen el ya admirable catálogo del sello.

El género del microcuento, siempre en vigor, ha vivido un auge destacado en los últimos tiempos (como atestigua en muchas de sus entregas una de las pocas revistas de literatura que se publican en España: Quimera). Sin embargo, la combinación de estos breves relatos con ilustraciones no es algo tan habitual, y menos aún de una forma tan preciosista y honesta como en este caso. Y hablo de honestidad porque una de las muchas cosas que me han fascinado de este elegante librito, es que Aida García consigue crear verdadera poesía (visual y narrativa) con sencillez y sin artificios, logrando una belleza áspera, tenebrosa e inquietante.

Las breves historias que Aida esboza en cada cuento nos recuerdan a los imaginarios de Algernon Blackwood, Arthur Machen o, por supuesto, Lovecraft. He releído hasta tres veces cada cuento en pocos días y no dejo de disfrutar con maravillas como Nunca sola (el pasado nos persigue), Miedo (fantástica interpretación de ese primario sentimiento), Locura o El despertar, entre muchos otros. Angustia, desasosiego y una maliciosa sonrisa de placer al final de cada lectura, de ésas que dejan poso y buen sabor de boca.

Y eso que aún no hemos hablado de las ilustraciones. Se nota en ellas una propensión al perfeccionismo y un cuidado por el detalle que alientan al lector a detenerse con calma en cada una de ellas para escudriñar cada pincelada. Si tengo que destacar algunas, las de La dama verde, La esclava o Ruidos me parecen realmente prodigiosas, tanto a modo de ideas para ilustrar los cuentos, como por el estilo y el uso del color.

Respecto a la edición, si Vial ya nos tiene acostumbrados a cuidar con esmero sus publicaciones, en esta ocasión han subido aún más el listón, logrando que el volumen sea un objeto de belleza por sí mismo. Júzguenlo ustedes mismos haciéndose con él aquí: http://vialofdelicatessens.blogspot.com/

Coleccionables

donaldHay una corriente de pensamiento (¡una corriente de pensamiento, ojo, una escuela, un teorema!)… Bueno, empecemos otra vez. Hay un podcast muy popular que, día sí y día también, se dedica a despreciar los coleccionables de cómics que, afortunadamente, vuelven a estar muy presentes en nuestros quioscos (los que quedan) y librerías. El argumento es que los coleccionables no son para los verdaderos creyentes, los auténticos comiqueros, que deberían adquirir y devorar las colecciones completas de cada personaje, respetando la continuidad y no dejándose ni una grapa fuera. Picotear es de cobardes.

No sé si será por desconocimiento o por una especie de fanatismo ridículo que quiere trazar una gruesa frontera entre el aficionado de verdad y el casual, pero actualmente se están publicando algunos coleccionables de indudable calidad y con unos contenidos y unos extras que ya quisiéramos encontrar en las publicaciones habituales. Repasemos algunos de ellos.

Salvat, genuino buque insignia de este tipo de colecciones, está publicando ahora mismo cinco coleccionables, nada menos (más otros tres que han finalizado recientemente: Astérix, Capitán Trueno y Mortadelo y Filemón):

  • La Gran Dinastía del Pato Donald. No se puede empezar mejor. Esta colección, importada de Italia, se propone publicar todas las historietas de Donald del insuperable y prolífico Carl Barks. Tomos en tapa dura de un tamaño ideal, con artículos introductorios, ilustraciones poco conocidas y textos con toda la información sobre los años de publicación y detalles sobre el proceso creativo de cada una de las historias incluidas. Una gozada.
  • Colección Integral Francisco Ibáñez. Otra obra en la que se nota mucho cariño y mimo para tratarse de un producto popular de quiosco, no en vano, está coordinada por Antoni Guiral (la mejor elección posible). En estos tomos de sobria encuadernación holandesa se pretende incluir un 80% de la inmensa producción de Ibáñez (ojalá tenga éxito y lo alarguen hasta completar el 100%). Al igual que en el caso anterior, todos ellos incluyen extras e interesantes artículos. Tan solo se le puede reprochar el tamaño algo reducido de los tomos, que en cualquier caso, no dificulta la lectura ni supone una diferencia tan abismal respecto a los Súper Humor.ibañez
  • Colección Novelas Gráficas DC Comics. Supongo que en este tipo de coleccionable es donde se rasga alguno las vestiduras, al tratarse de una selección algo aleatoria y discutible, como todo. Sin embargo, quitando algunas entregas (como las de Los Nuevos Titanes o Wonder Woman), la mayoría son autoconclusivas o perfectamente legibles de forma aislada. Gracias a esta colección hemos podido disfrutar a un precio asequible de, por ejemplo, el reclamado Plastic Man de Kyle Baker, de clásicos como La Muerte de Superman o del Green Arrow de Kevin Smith, entre muchos otros.
  • Batman y Superman. Quizá el coleccionable más flojo de Salvat, en el que predomina la morralla (consecuencia de coincidir con el otro coleccionable de DC y no poder repetir contenidos) y solo se salvan una de cada dos o tres obras publicadas. Prescindible.
  • Spiderman. La colección definitiva. También muy criticado. Se dice que Spiderman no se puede leer de forma aislada, que su continuidad obliga a seguirlo mes a mes y no tiene sentido saltarse etapas. Es posible que sea así, pero yo he seguido Spiderman siempre de forma intermitente y no he perdido la cordura por ello. De verdad, no es necesario leerse todo obsesivamente para ser más aficionado al cómic que el tipo de al lado.

Planeta DeAgostini / Altaya, con mucho menos volumen que hace algunos años, tambiénblueberry sigue publicando algún que otro coleccionable. En este momento, dos populares westerns ocupan su catálogo: la Colección Lucky Luke, ya próxima a su final, y el más reciente Blueberry, otro imprescindible que no sigo porque me he decantado por los integrales de Norma. Ambas colecciones, en cualquier caso, suponen un exhaustivo afán completista, ya que incluirán no solo ambas series completas, sino también todas sus colecciones derivadas.

Una suerte, por tanto, que los coleccionables sigan funcionando tan bien y sigan siendo, tanto esa puerta de entrada para nuevos lectores, como una excelente opción para los más veteranos.

Digestión de Marrones en la Empresa

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Seguimos con cómics de humor y con autores a los que tenía algo perdida la pista. En este caso me refiero a Ricardo Peregrina, creador de dos de los personajes que más me han hecho reír en mi vida comiquera: Hermi y Max. Dos trasuntos de Epi y Blas, cuando aún no se llevaba la nostalgia ochentera (comenzaron a publicarse en 1995), que mostraban un maravilloso humor salvaje y cruel. No menos divertido resultaba Norbertito y su mamá, creación posterior para la revista Mala Impresión, que arrancaba la carcajada a costa del infinito patetismo de su protagonista. De ahí a Días de cómic en otra revista mensual, Dolmen, y ahí me quedé, ignorando que siguió trabajando en publicaciones como ¡Dibus!, Mister K, Amaníaco o El Jueves.

Precisamente en El Jueves serializó su historieta Horario de Oficina, recopilada ahora por la editorial Bestia Negra en un solo tomo bajo el nombre de Digestión de Marrones en la Empresa.

De nuevo, Peregrina demuestra su innata habilidad para el gag, dando verdaderas pag29-topico-del-sexolecciones de cómo administrar los tiempos y sacarle todo el potencial cómico a sus personajes, dotando además a la historia de una cierta continuidad que nos hace querer (u odiar aún más) a estos oficinistas de pacotilla. ¡Y qué bien retrata el autor el ambiente de una oficina y sus mugrientos integrantes! Todo el que haya trabajado en ese entorno (me cuento entre ellos) no solo lo reconocerá de inmediato en estas viñetas e identificará a muchos de sus compañeros en ellas, sino que se odiará a sí mismo por tener que consumir 8 o más horas de cada uno de sus días en esos opresivos edificios inteligentes. Porque, lo mejor de todo, es que Peregrina no tiene piedad ni busca moralejas con sus protagonistas, sino que muestra sin tapujos todo el egoísmo e hijoputismo que caracteriza sin remedio a la empresa media española y sus empleados.

En definitiva, espléndidos chistes de una página acompañados del portentoso dibujo que, conociendo al autor, no nos pilla por sorpresa, pero que nunca está de más alabar (dibujar con tanta expresividad y narrar de forma tan ágil no está al alcance de tantos). No debería perdérselo nadie.

#Una Novela Gráfica

#una novela grafica frontal

Corría el año 2002 (siempre había querido empezar un texto como el orondo ultracatólico ex de la Cope cuyo nombre prefiero obviar), cuando cayó en mis manos un curioso tebeo apaisado llamado Con amigos como éstos. Leí esas escasas 30 páginas con fruición y durante los siguientes años lo releí una y otra vez sin perder ni un ápice de disfrute en cada revisión. Esas viñetas eran obra de dos Manueles, un Castaño y un Bartual. Al segundo siempre le tuve en el radar (pese a que sus trabajos para El Jueves nunca me entusiasmaron), pero al primero, cuyo dibujo me cautivó, se lo tragó la tierra y no supe nada de él durante mucho tiempo.

Fue hace algunos meses cuando un amigo común (el insigne editor del cómic que nos ocupa), me comentó que Manuel estaba por fin preparando algo nuevo. Con calma, eso sí, y con la paciencia y detallismo que caracteriza a los buenos autores de tebeos, pero pronto lo tendríamos a nuestro alcance.

3 (1)Y el momento llegó: #Una Novela Gráfica ya luce orgulloso en mis estanterías. Más de 200 páginas de un Manuel Castaño desatado, honesto, confidente y muy divertido, sobre todo, muy divertido.

Partiendo de la consabida depilación genital masculina, cuyos beneficios para la vida en general son demostrados científicamente a lo largo de sus páginas, asistimos al sincero relato de las inseguridades de un autor de tebeos, que lejos de ser consciente de su destreza, contiene su creatividad cediendo paso a sus miedos (ese ilustre Pepe, el espíritu crítico y autodestructivo del protagonista). Y en medio, mucho sexo inconfesable (sí, Terelu), obsesiones, invasiones extraterrestres, futuros apocalípticos, musas inútiles y decenas de otros elementos que dan muestra de la libertad y el popurrí de géneros que desprende todo el tebeo.

Mención aparte merece el dibujo, repleto de expresividad y energía, con regusto brugueril, pero, sobre todo, con un trazo grueso y personal que lo hace inconfundible. La narración también resulta curiosa, utilizando con frecuencia las viñetas de una sola página (o dos grandes viñetas por página), heredera, supongo, del origen electrónico de muchas de ellas.

Gran noticia, en definitiva, el retorno de Castaño al papel y su apuesta por el cómic de humor sin complejos. Esperemos que el próximo no se haga esperar tanto. Edita, con la calidad habitual, Vial of Delicatessens.

Sanmao. Desde China con dolor.

Afortunadamente, mi hermano me conoce muy bien. Por ello, sabía que nada me podía hacer más ilusión como recuerdo de su reciente viaje a China que un cómic originario de ese desconocido, sobre todo en lo cultural, país. Dicho obsequio no es, ni más ni menos, que un volumen del personaje de tebeo más popular allí: Sanmao. Un tomo negro, sobrio y triste en su diseño que nada hace prever que se trate de un cómic para niños cuyo contenido, por lo deprimente de las desventuras de su andrajoso protagonista, lo hace también apto y disfrutable para adultos.

Al buscar información en internet para escribir sobre la historia de esta publicación, no he encontrado demasiado, a excepción de un profuso artículo de la maravillosa (aunque ya desactualizada) web asiaobscura.com. Así que, dado que todos los datos y detalles iba a sacarlos de dicho texto, he pensado que lo mejor es traducir libremente algunos extractos, comentando entre ellos lo que me parezca oportuno (no es una de esas horribles traducciones de Google Translator, ojo). Al final de este post podéis encontrar el enlace directo al artículo en inglés, cuyo autor es Dean Pickles. Vamos allá.

Tan propenso a las travesuras como Bart Simpson, tan honesto como Richie Rich y tan oscuro como Charlie Brown. Más oscuro aún. Pese a que los comics de Sanmao son tanto para niños como para adultos, sus páginas están llenas de muerte, sangre y miseria. Sanmao es un cómic realmente extraño.

Doy fe de ello. Las historietas que comprenden el tomo que tengo en mis manos son crueles y en ellas nuestro esquelético Sanmao es pateado, atropellado y golpeado con un látigo en varias ocasiones.

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Creado en 1935 por Zhang Leping, un hombre infeliz que pasó su infancia en hogares sociales, veía pasar cada día ante sus ojos a esos pilluelos hambrientos y moribundos que venían de vivir en la calle. También era un nacionalista muy orgulloso de su país, y frustrado por las interminables viñetas de Mickey Mouse y el Pato Donald que poblaban las páginas de los periódicos de Shanghai. Por ello, creó un personaje sin hogar, objeto de los más feroces chistes y palizas. Ese niño se llamaba Sanmao – 三毛 -, por los tres pelos de su cabeza.

Un poco como los personajes de la Bruguera de posguerra (Rompetechos es el más obvio), pero con mayor dureza y sin pizca de compasión.

En su primer libro, Sanmao se une al ejército en la batalla contra la invasión japonesa. Las balas vuelan y las granadas explotan, llenando las páginas de sangre y cadáveres, y contando además con la presencia de un japonés con un pequeño bigote hitleriano y tez enfermiza.

La vida del autor era tan oscura como sus viñetas. Sufrió un bloqueo creativo del que escaparía bebiendo sin medida, hasta el punto de toser sangre debido al exceso de alcohol. Su vida fue miserable, hasta que fue abandonado por su esposa y toda su familia, muriendo solo a principios de la década de los 90.

Sabiendo esto, se entiende la negrura del humor que caracteriza al personaje. Parece que Zhang volcó toda su rabia y desesperación en hacer sufrir al pequeño Sanmao.

San Mao Selling Kids

Sin embargo, su pequeña creación llegó al corazón de todo el país. Hay cinco películas de Sanmao, una serie de animación tradicional, otra de animación con plastilina y una ingente cantidad de libros publicados. Así como naipes con dibujos de Sanmao, un hotel con su nombre y varias estatuas a lo largo y ancho del país.

Atención al vídeo de la película que enlaza el artículo original y que incluyo también aquí abajo, da buena muestra de lo deprimente del personaje. Dicha película, basada en el segundo libro de Sanmao, suponía una evidente crítica al Partido Nacionalista KMT (Kuomintang), a la vez que un ensalzamiento del comunismo. Ello llevó a Sanmao a convertirse, con el tiempo, en un símbolo nacional del pensamiento comunista y el maoísmo. De hecho, 82 años después de su creación, Sanmao sigue protagonizando películas y siendo la estrella del cómic más vendido en China.

 

Podéis encontrar el artículo original en que se ha basado este texto aquí.

 

Apiladores de viñetas

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Recientemente, en un conocido grupo de Facebook de aficionados a esto de los tebeos, hubo un amago de competición de “a ver quién la tenía más larga” en cuestión de colecciones de cómics. Multitud de pos-adolescentes comenzaron a subir fotos de sus nutridas estanterías al grito de “¡ya he llenado una Billy y voy a por la siguiente!” o “¡toda esta balda la he completado en solo un mes!”. A mí, que siempre me ha gustado husmear en colecciones ajenas y disfrutar de imágenes de estantes repletos de tomos y grapas (ejem), esta vez se me atragantó el bullicio de estos nuevos, y no tan nuevos, coleccionistas, que parecían apilar cómics como el que amontona sacos de patatas.

Cada vez más, me considero un lector mucho antes que un coleccionista. Esto no quiere decir que no goce completando colecciones cojas o reordenando por enésima vez los miles de volúmenes que ocupan cómodamente varias paredes, pero siempre con el objeto de leerlos y deleitarme con ellos como se merece. Porque leer un cómic (bueno o “malo pero divertido”, que diría aquel) es un acto al que debe dedicarse el tiempo necesario y el momento adecuado (que, según apetencias y filias, puede ser un mullido sillón junto a la ventana, el Metro de Madrid o la sombra de un árbol en algún parque). No me gusta la gente que lee los cómics por rutina u obligación, del estilo “sigo estas 30 colecciones y venga, a quitármelas de encima cuanto antes” (hay mucho más de este tipo de actitudes de las que imaginamos).

Pero me voy por las ramas… Como decía, soy lector antes que acumulador, y por ello, cada vez intento seleccionar más lo que compro y, sobre todo, lo que conservo. Esto no es tan fácil, debido a que, al gustarme todo tipo de estilos y géneros, ha habido momentos en mi vida en que he comprado compulsivamente, solo por el mero hecho de probarlo todo, de no dejarme nada fuera. Sin embargo, el tiempo es la mejor criba para darse cuenta de que, en aquellos momentos, yo también fui uno de esos coleccionistas que, al volcarse tanto en su afición, pierden la perspectiva.

Por eso, aunque me sigue encantando ver colecciones ajenas, solo lo disfruto cuando el dueño puede hablarnos de cada tomo como algo único, como algo que significa algo para él y que forma parte de su vida como su mascota o su oreja derecha. Muy al contrario, me producen rechazo esos devotos del acopio que muestran orgullosos como atiborran estante tras estante de tomos que, o no han leído, o lo han hecho como el que lee el panfleto que regalan gratis en la boca de Metro, sin emoción ni entusiasmo, sin ilusión. Preocupados más por el objeto que por el contenido.

Misantropía dura y La deuda

Últimamente, solo hay dos formas de quitarme la (estúpida) pereza que me da mantener este blog con vida (en un estado casi vegetal): una, cuando mi amigo Víctor, uno de los creadores del imprescindible Aquí Vale Todo, me anima y espolea a seguir publicando mis tonterías. Y otra, cuando veo nuevos blogs nacer o renacer, como es el caso del reciente Letras de Serie B, de Pablo García Naranjo (cuyo Blog de Ternin seguí durante muchos años). Precisamente, verle montarse un nuevo chiringuito me ha empujado a publicar este texto.

Y de qué voy a hablar si no es de algo que ocupa tantas horas en mi vida, eso que tanto me apasiona y que se cuela en mi cabeza continuamente cada día desde que tengo uso de razón: sí, voy a hablar de un par de cómics.

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En este caso concreto, de dos de reciente adquisición que me han acompañado esta semana. Por un lado, Misantropía dura, de Bará. Un breve tomito primorosamente editado por Bang Ediciones con el que me he reído y en el que, como era inevitable, me he sentido reflejado en muchos momentos. Esa fobia social que caracteriza al misántropo, esa mezcla de timidez y extrañeza ante las convenciones sociales, quedan muy bien retratadas en las breves situaciones a las que asistimos (resueltas en una o dos páginas en su mayoría). Con un dibujo que recuerda a los ya clásicos contemporáneos del cómic alternativo americano (especialmente Charles Burns), encontramos grandes momentos como “Rapidez mental”, “La imposibilidad física de la idea de ligue en la mente de un tímido” o “Poco hablador”, que en una sola página resumen el torbellino mental que sufre un misántropo. Es cierto que en algunas ocasiones los diálogos parecen algo forzados, poco naturales, pero la impresión es muy positiva en cualquier caso.

La deuda

Igual que lo es la de La deuda, de Martín Romero, que si no fuera por el nombre podría haber nacido en Canadá y hacer migas con Seth o Rabagliati. Eso en cuanto al estilo de dibujo, porque lo que nos cuenta en esta obra, editada por la incansable La Cúpula, es mucho menos amable de lo que esperamos de los mencionados autores canadienses. Una historia triste, desesperada, con momentos de ensoñación, y con una gran representación del FRACASO con mayúsculas. Un placer dejarse llevar por sus páginas, por su excelente narrativa que, con muy pocas palabras, conmueve y atrapa. Así da gusto.

Otoño en la Valcueva

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Debo de ser un blandengue, lo sé, pero reconozco que la línea que más disfruto de ese sello videográfico que tantas alegrías nos da, Vial of Delicatessens, es, junto a su vertiente más humorística, la marcada por los “Docu-cortos” de Naxo Fiol o el ejemplo del que quiero hablar hoy, “Otoño en la Valcueva”, de Víctor Olid.

Ya desde el primer momento, el fuego de una hogareña chimenea nos adelanta que lo que vamos a ver es algo familiar, incluso íntimo, me atrevería a decir, pero tratado con elegancia y un cariño, con honradez autoral, sin artificios. Tan solo la música (excelente) acompaña a unas escenas llenas de naturalidad, que se suceden con toda la calma que otorga el paisaje en el que se desarrollan. El amor por el detalle que muestra Olid, fijando su mirada en viejas telarañas, flores (y capullos incipientes a punto de florecer), o toscos pestillos de puertas, es parte de esa armonía que nos mece y que resulta absolutamente hipnótica.

Tampoco faltan las conversaciones en familia, las de verdad, las que surgen cuando uno se encuentra en su entorno sin más preocupación que escuchar a los que aprecia y pasar tiempo con ellos. Un privilegio poder asistir a esos trayectos en coche en los que, mientras los árboles y los peñascos pasan raudos por las ventanillas, escuchamos esos diálogos que a todos nos resultan familiares.

Y no resultan menos protagonistas dos de los más adorables personajes de esta historia, Maca y Palito, dos intrépidos perros cuyas grandes aventuras se turnan entre sus exploraciones del terreno rural y la interacción con sus dueños (la larga escena de Aída jugando con ellos sentada en un escalón de piedra es algo increíble, por la valentía de no cortar y por lo bonito del momento). La admiración por el mundo animal se ve reforzada por las gallinas, las ocas y demás fauna que campa a sus anchas por muchas de las escenas.

Puede que el haber pasado gran parte de mis vacaciones de infancia en un pueblo cántabro no tan diferente de Palazuelo de la Valcueva haya influido en lo mucho que he disfrutado este video-diario, pero fuera de apreciaciones personales, supone un género poco explorado en nuestro país, más aún de la forma, honesta y sin pedanterías, en que Víctor Olid lo hace. Solo por eso, resulta imprescindible.

Disponible en Vial of Delicatessens

Dolce Pensare Niente

 

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Me da mucha pena que la cuarta sea la última entrega de Dolce Pensare Niente, la saga autoeditada y autobiográfica con la que nos ha deleitado Javi Guerrero los últimos dos años y que de forma modesta y sutil me ha creado tanto adicción, como cariño por su protagonista. Es inevitable que, por la falta de pudor y el exhibicionismo emocional, nos venga a la cabeza Joe Matt, pero el humor crudo y más directo de Javi Guerrero, así como el personalísimo estilo de dibujo y la narrativa salvaje, lo distinguen por completo de cualquier posible influencia.

En Dolce Pensare Niente no hay viñetas que organicen o separen la acción, los dibujos (expresivos a más no poder) y los extensos textos se entrecuzan, los diálogos dan lugar a textos de apoyo y viceversa, y los personajes cambian de entorno con cuatro líneas maestras a un ritmo frenético. Y a pesar de ese aparente caos, la lectura fluye de forma absolutamente natural, como solo un gran narrador sabe hacer, como hacía Eisner, ni más ni menos.

DPN2Todo ello para contarnos una colección de anécdotas que alternan lo dramático (aunque hasta lo más grave es tomado con humor) y lo esperpéntico, mostrando una envidiable habilidad para dialogarlas y enriquecerlas, y logrando arrancar carcajadas cada pocas páginas. A ello ayuda no solo la expresividad del dibujo, sino los propios personajes, con los que nos identificamos en su carrusel de situaciones patéticas, de ésas que todos intentamos ocultar, pero que Javi Guerrero muestra en todo su esplendor y nos restriega por la cara cual pedazo de papel higiénico usado. Una maravilla de principio a fin.

Matanza Sangrienta II y Shof

Nunca es tarde si la… ¡Pues eso! Esto viene a que recientemente he descubierto estos dos delirantes libritos (más humor gráfico que cómic, aunque muchas veces ambos van muy unidos), así como la exquisita editorial que los acoge: Libros de Autoengaño. Y qué mejor motivo para insuflar vida a este blog moribundo que glosar sus virtudes.

 
A un lado del ring tenemos Matanza Sangrienta II, escrito y dibujado por Muerte Horrible. Esta colección de chistes extremos, que no puedo evitar emparentar con CubiertaMatanzadeluxe-600x600el humor de Miguel Noguera, nos llevan de la mano por una exposición de personajes tan cercanos al absurdo como a la pura y gloriosa tontería. Violencia gráfica, tinta rosa que te deja ciego, y una ocurrencia tras otra que, leídas con moderación y con alguna pausa de vez en cuando, logran golpearnos en el cerebro y en la mandíbula. Y qué decir de la primorosa edición Deluxe, hay que verla en vivo para apreciarla.

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Y en el mismo lado del cuadrilátero, la pareja perfecta: Shof, de Morbix. Más sosegado y con unos colores pastel que invitan a relajar la vista, pero con la misma mala hostia y shofaún más ganas de reírse de esos seres patéticos, tristes y aletargados que vemos cada día cuando nos miramos al espejo. También abundan los chistes protagonizados por celebridades, siempre exhibiendo comportamientos tan irracionales como risibles. Humor idiota del que me gusta.

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En fin, para hacerse con ellos (y con todo el catálogo ya de paso; mejor gastarse en eso los ahorros que en cervezas aguadas y patatas fritas rancias en terracitas veraniegas), solo hay que visitar Libros de Autoengaño.

William Chesnut & Ribapolla 2XL

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Casi sin tiempo para digerir lo que supuso la primera colaboración comiquera entre Patrick Grau y Víctor Olid, esta bien avenida pareja contraataca con una nueva entrega de las aventuras de William Chesnut & Ribapolla y, como diría Lobezno, vuelven a demostrar que son los mejores en lo que hacen.

No era para nada sencillo retomar esta saga. El nivel de locura y absurdo que alcanzaba el primer volumen pudo hacernos pensar que los autores habían derramado hasta la última gota de su fértil simiente, dejándolos vacíos de ideas y agotando una fórmula de corto recorrido, la de la escalada sin fin de barrabasadas. Pero para nada es así. De hecho, la primera historieta “Solucionando la manutención” hubiera encajado perfectamente en el primer volumen, a pesar de servir de presentación de un personaje que se convertirá en habitual: Luis Javier, director de cine, poeta y latin lover, vamos, lo que todos quisiéramos ser y nunca lograremos. Sin embargo, es a partir de ahí cuando ese guionista sin miedo que es Olid y ese dibujante extraordinario que es Grau, comienzan a jugar con nuestras expectativas, y es también a partir de esa segunda historia cuando me vuelven a atrapar y me empiezo a divertir tanto como lo hice con el primer contacto con los personajes.

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Entre otras muchas cosas, vemos como algunos toques melodrámaticos, totalmente inesperados, se entremezclan con los chistes extremos marca de la casa; asistimos al primer viaje al extranjero de los protagonistas (sacándolos de su “zona de confort”, como diría algún directivo gilipollas tras leerse dos o tres libros de autoayuda para empresarios de éxito); nos regalan el crossover más demencial que leeréis en vuestra vida: el Universo Marvel Vs. el Universo Vial of Delicatessens Vs. el Universo King Features Syndicate Vs. La Biblia (¡supera eso, DC Comics!); volvemos a Balaguer para conocer a sus vecinos más sórdidos (entre los que se encuentra Tom Cruise y un “hoyo de pis”, ejem); viajamos al espacio profundo, donde… ¡Alto! ¡Paren las máquinas! Aquí quería yo llegar. Y es que en estas dos últimas historias, Grau y Olid se ponen el traje del mejor John Byrne, el de su Hulka, y comienzan a romper la cuarta pared a martillazos, obsequiándonos con algunos william-chesnut-y-ribapolla-3de los momentos más desternillantes del tomo. Tanto en “Deep Space” como en “Meets La Mafia”, vemos a los autores interaccionar con los personajes dando lugar a brutales situaciones y peripecias. Y, ojo, no olvidemos una última historieta de regalo donde Mr. Pajarillo se convierte en guionista invitado, que no solo no desentona, sino que nos muestra la cara más risible de los festivales de cine de terror.

Todo esto con un ritmo alucinante, una habilidad natural para la creación de gags (resueltos en su mayoría con gran fortuna), una calidad y expresividad en el dibujo que no deja de sorprenderme (insisto, lo de Patrick Grau es de otra galaxia), y muchísimos cameos que, lejos de ser guiños sin importancia, aportan y mucho a ese universo de referencias y comicidad sin límites que es la mente de Víctor Olid. Gracias por el espectáculo, señores.

Ya sabéis dónde acudir: Vial of Delicatessens

El loco mundo de Naxo Fiol

frontal como no hacer un cortometraje

Esto va a parecer un publireportaje de ésos interminables que te cuelan en el cine antes de que empiece la película, pero no, no lo es. Y no lo es porque no he tratado a Naxo Fiol más allá de un par de emails solicitándole su fanzine, así que poco interés tendría yo en darle coba o publicitarle. Lo que sí se ha dado es una alineación de los astros que ha provocado que en unos pocos meses Naxo Fiol haya invadido mi hogar, ya sea en forma de libro, fanzines o dvds. Y como llevaba tiempo con ganas de hablar de todo ello, pues qué mejor forma que reunirlo todo en una sola entrada de este resucitado blog.

Iré por orden. A pesar de haber oído hablar de Fiol hace años, cuando estaba más metido en el mundillo fanzinero (Suburbio es una referencia tanto por su singularidad como por su constancia), de haberle leído en La Comictiva en su momento (o eso creo recordar) y de, mucho más recientemente, haberle reconocido como coautor del imprescindible libro Malas pero divertidas (junto a sus amigos Aratz Juanes y Víctor Olid). A pesar de todo ello, digo, no es hasta que Vial of Delicatessens edita su dvd Docu-cortos cuando la fiebre Fiol comienza a instalarse en alguna de mis escasas neuronas. Y es por eso que quiero empezar justo ahí.

frontal docucortosLos Docu-cortos suponen una de las puertas de entrada más curiosas al mundo de Naxo Fiol. De hecho, iba a decir también, al mundo más personal de Fiol, pero él mismo se ha ocupado de callarme la boca en la introducción de su dvd recopilatorio Etiqueta Negra, donde confiesa que lo más personal son los “chortos” incluidos en dicha recopilación.  En cualquier caso, volviendo a los Docu-cortos, me parece admirable como Fiol logra sacar tanto de tan poco, es decir, conseguir momentos emotivos y enormemente disfrutables de situaciones tan comunes como una nevada (“Niévame, una aventura cojonuda”), de su madre elaborando un gazpacho (“El último gazpacho”) o de un paseo por el bosque (“En lo más profundo del bosque (de Molins)”). Trece cortometrajes para ver una y otra vez.

Lo siguiente en mi desordenado orden es una auténtica maravilla: el documental o video-diario A ritmo de Jess. Un privilegio que supone no solo poder ver a un ya muy anciano Jess Franco rodando su última película, sino que nos permite adentrarnos en los buenos y malos momentos de un rodaje con pocos medios, menos organización, pero mucha voluntad por parte de todos los participantes. Su visionado resulta casi hipnótico y, cuando termina, sabes que vas a echar de menos a esa extraña familia, con sus discusiones y crisis incluidas, que forman todos ellos.a ritmo de jess CARAT cameo-1

Saltamos ahora de la pantalla al papel, porque toca hablar ahora del fanzine Suburbio y del libro Cómo no hacer un cortometraje. No puedo extenderme mucho con Suburbio, ya que, para vergüenza propia, lo he conocido recientemente y solo he podido disfrutar de los dos números más recientes. Solo puedo decir que hay que aplaudir que alguien aún edite fanzines artesanales y fotocopiados, montados a base de recortes y escritos con honestidad y sencillez. Eso es lo que más me gusta de cómo escribe Fiol, la cercanía y claridad con la que cuenta sus rodajes o habla de directores amateur desconocidos para nosotros los simples mortales. Directo y sin excesivas florituras, una virtud nada fácil de conseguir. Y esto me lleva al volumen  Cómo no hacer un cortometraje, que recopila un buen montón de artículos procedentes en su mayoría de Suburbio, centrándose en sus aventuras y desventuras en las grabaciones de cortos aquí y allá en las situaciones y con los personajes más variopintos imaginables. Si el fanzine se lee con placer, el libro directamente se devora. Esperemos que sea el primero de muchos.

Y para acabar, lo último que he podido disfrutar de nuestro protagonista: Etiqueta Negra Vol.2: Chortos de Naxo Fiol. Una selección que, como reza la contraportada del dvd, reúne a un tremendo elenco de ilustres en historias que rozan la locura y el caos. La mayoría divertidísimos (“Nosfe(o)ratu”, “La tragedia exótera”, “Un corto mainstream”, “El carnicero tras la puerca”, “Aristóteles hijo”, Vivaelvideo!”…), otros  más desasosegantes (“Eatme”, “Posición: Violación”, “Luzía y el Sixto”) y algunos más estéticos (“Me enamoré de una mujer boba”, “Querido destazador”), es una gozada comprobar cómo Fiol ha creado un mundo propio e inimitable que, además, resulta endiabladamente entretenido en cualquiera de sus facetas.

No me enrollo más. Solo dos apuntes: gran parte de lo mencionado en este texto se puede adquirir a precios de risa en Vial of Delicatessens. Y por último, no os perdáis el nuevo blog de Naxo Fiol, inaugurado hace pocos meses: Cómo no hacer un cortometraje.

Transformers vs. G.I. Joe

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Aunque empezó a publicarse en 2014, acabo de descubrir, a través de dos bonitos TPB repletos de extras, esta locura de Tom Scioli y John Barber, su particular versión del crossover que nos fascinó a finales de los años 80:  G.I. Joe and The Transformers (1987). No es el primer intento de resucitar aquel cruce entre franquicias, pero se trata sin duda de la propuesta más descabellada y divertida de todas las que se han editado.

A Tom Scioli ya lo conocemos por estos lares gracias a Gødland, guionizada por Joe Casey y en la que pudimos disfrutar de un estilo de dibujo que, no hace falta decirlo, homenajeaba de forma primorosa y descarada a Jack Kirby. John Barber, por su parte, ha trabajado como editor para Marvel y posteriormente como guionista de un buen montón de colecciones ligadas a la saga robótica por excelencia.

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Juntos han creado una maravilla que evoca no solo la imaginación infantil (leyendo el cómic tiene uno la impresión de estar en el suelo de la habitación con los muñecos de ambas franquicias inventando historias), sino también una mala leche que se ve reflejada en diálogos, textos de apoyo y en las propias situaciones, que van desde la violencia más desmadrada hasta esos momentos de acción frenética tan espectacular como voluntariamente inverosímil.

El dibujo de Scioli es una gozada, para el que lo quiera entender, claro, y se ve complementado a la perfección por el color, sucio y muy adecuado al tipo de tebeo que quiere rememorar. Asimismo, las splash pages son continuas, como corresponde a tanto momento impactante.

Si os gustó lo que Peter Milligan y Mike Allred hicieron en X-Force (la intención es la misma, aunque con diferentes resultados), probablemente estaréis mejor preparados para enfrentaros a esta ensalada de guiños y colores chillones.

Noah Van Sciver

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A los lectores más pijameros les sonará, y mucho, el nombre de Ethan Van Sciver, dibujante norteamericano que ha brillado en títulos como Green Lantern: Renacimiento, Impulso o Flash: Renacimiento (muchos renacimientos en sus hábiles manos). Sin embargo, pocos sabrán que su hermano pequeño, Noah Van Sciver, también se dedica a esto de las viñetas, aunque su carrera tiene poco que ver con la de su hermano mayor.

Noah ha colaborado dibujando para franquicias juveniles muy populares, como Bob Esponja o Las Tortugas Ninja, además de participar en la revista Mad, pero lo que a mí me llamó la atención cuando rebuscaba entre sus trabajos fue su vertiente más underground. Es por ello que me hice con una de sus recopilaciones de historias cortas más recientes: Youth is Wasted (AdHouse Books, 2014), un tomito de poco más de cien páginas con un tamaño ideal para leer en el siempre maloliente Metro de Madrid.

BIHTEl tomo recopila quince historias cortas, varias de ellas provenientes de su popular fanzine Blammo, y aunque hay altibajos en lo que a mi interés se refiere, el nivel general es muy bueno y, sobre todo, muy desasosegante. Gran parte de los personajes que recorren el tebeo son auténticos perdedores sin posibilidad alguna de salir airosos de sus múltiples problemas: trabajos de mierda, relaciones dañinas, amistades inexistentes, decepciones continuadas… Un catálogo de lo que viene a ser lo peor de una adolescencia que no parece acabar nunca.

Ya la primera historia, The Easy Life, de tan solo una página, resume perfectamente lo que supone tener un trabajo que odias y que quieres dejar, pero que no te queda más remedio que soportar, porque, como dice el propio autor al final del tomo, ¿acaso hay otra opción? Es un buen comienzo, pero la cosa mejora con varias historias de mayor longitud, en las que Van Sciver se recrea en tipos desequilibrados y miserables que lo pierden todo debido a su inseguridad (Abby´s Road), personajes solitarios con buenas intenciones pero desagradecidos resultados (Because I Have To), relaciones rotas de las que dejan secuelas (Expectations) o losers totales como el protagonista de la una de las mejores historias: 1999, The Year My World Ended.

Pero cuidado, Noah no es solo un llorica autocompasivo, entre drama y drama (en los cuales también hay mucho humor, ojo), introduce desmadres como Punks versus Lizards (ni a The Asylum se les ha ocurrido aún algo así) o ensoñaciones muy chungas como Who are You, Jesus?

Un autor muy recomendable y nominado en varias ocasiones a los premios Ignatz que, sin embargo, permanece inédito en España. ¡A aprender inglés se ha dicho!

William Chesnut & Ribapolla

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Aquí está por fin. Había expectación, reconozcámoslo, especialmente en los que, desde hace más o menos años y en una u otra de sus múltiples facetas, hemos seguido a Víctor Olid. Pero no es solo eso, es que además su primer cómic iba a ser dibujado por, probablemente, el mejor y más prometedor dibujante de Balaguer (esa población cuyo Ayuntamiento debería haber patrocinado este tebeo, ya que es casi un personaje más): el gran Patrick Grau.

Pues bien, una vez leídas sus 264 páginas, y evitando desglosar influencias (los propios autores las dejan claras en el tomo: Johnny Ryan, Pedro Vera, Kaz, Elreydespaña… Yo añadiría a Ivan Brunetti y Gustavo Sala, qué más que influencias, serían autores “hermanos”, al menos en intención), voy a resumir mis impresiones en tres puntos.

1) El absurdo.

Es evidente que el humor bruto e incorrecto impregna todo el tebeo: pollas desbocadas, insultos a todos los colectivos y minorías imaginables, violencia pasada de vueltas, drogas y más drogas, sexo enfermizo… Sin embargo, lo que me ha sorprendido más ha sido el tono absurdo que domina muchas de las escenas. El chiste sucio viene a menudo acompañado de un giro irracional que es el que, en mi opinión, distingue y eleva el humor. O dicho de otra forma: que un armadillo dé por culo a William Chesnut sería gracioso, pero que un armadillo instale su vivienda con todas las comodidades en el culo de William Chesnut es cojonudo.

2) La expectativas.

Como decía al principio, cuando se ha seguido en mayor o menor medida las creaciones dewcr-sociedad un autor, es inevitable crearse unas expectativas y anticipar por dónde va a ir lo próximo que haga. En este caso, debo reconocer que esperaba unos personajes más locuaces. Conociendo la indudable agudeza para los diálogos de Olid y su adictiva y siempre disfrutable capacidad de conversación, me ha llamado la atención que gran parte de las historietas sean casi mudas y se desarrollen a modo de slapstick. Estoy seguro de que se trata de algo deliberado, sobre todo al encontrarse acompañado del talento de Grau, lo que nos lleva al punto tres.

3) Patrick Grau.

Lo de Grau no es normal. Que este sea su primer cómic profesional o que, como se menciona en la introducción, no esté ya trabajando para alguna gran editorial, es algo que clama al cielo. Ya no es solo que su dibujo sea virtuoso y reconocible, es que la narrativa de sus páginas es tan ágil, tan frenética, desprende tanto dinamismo, que logra que el lector pase las páginas y se meta en las viñetas casi sin darse cuenta, con una naturalidad pasmosa. Una maravilla y un futuro esplendoroso el que le espera.

Como cierre, no podemos olvidar los extras que incluye el voluminoso tomo. Por un lado, Vorhees y los Egonautas, una recopilación de historias cortas de Patrick Grau muy, muy divertidas (la vida de “El Ruvius” es desternillante) y una amplia galería con dibujos del propio Grau y de colaboradores de relumbrón, como José Tomás, Molina, Naxo Fiol, Srta. Calamidad y muchos otros.

Hay que leerlo, puede contagiar enfermedades venéreas y homofobia, pero merece la pena arriesgarse. Cómprenlo aquí: Vial of Delicatessens