Autor: Victor Base Lunar

Tales from the Dark Multiverse

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Pese a no haber leído aún la saga que da origen a este tomo, Dark Nights Metal (algo que voy a solucionar con el integral que ha publicado recientemente Ecc), no pude resistirme a hacerme con esta recopilación americana de cinco historias del Multiverso Oscuro. Debo destacar, antes de nada, el cuidado con el que está editada, con una bonita sobrecubierta, papel poroso (del que huele que alimenta) e incluyendo también las historias originales en las que se inspiran estas versiones oscuras (algo que, por lo que he podido ver, Ecc no hará en la edición española).

Muy al estilo Otros Mundos o What If, nuestro guía, Tempus Fuginaut, nos relata cómo se desarrollaron en este otro universo cinco momentos clave de la historia de DC: Batman: La caída del caballero oscuro, La muerte de Superman, Crisis Infinita, Green Lantern: La noche más oscura, y Nuevos Titanes: El contrato de Judas. Para mi sorpresa, todas las historias resultan tremendamente entretenidas (quizá La noche más oscura baja un poco el listón) y los autores implicados parecen haberse tomado en serio el encargo, aportando buenas ideas y calidad artística (de hecho, aparte del propio Scott Snyder, hay nombres implicados tan populares como los de Kyle Higgins, Brad Walker, Tim Seely, James Tynion IV,  Aaron Lopresti o Tom Raney).

Giros de guión inesperados, dibujo notable en casi todos los casos, personajes bien escritos y reconocibles, y, como comentaba al principio, ese acertado extra que es la inclusión de las historias originales, que nos permite comparar ambas versiones, no solo para apreciar los cambios en lo que se cuenta, sino también para percatarnos de las llamativas diferencias entre cómics de distintas décadas.

Driving Short Distances, de Joff Winterhart

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Una muy breve reseña de una obra que me ha dejado buen sabor de boca. Driving Short Distances es el primer y único cómic que conozco de Joff Winterhart, aunque solo por la portada y la sinopsis sabía lo que me iba a encontrar. Y así ha sido. Se trata de un cómic realista (no sé si autobiográfico, pero tiene toda la pinta) en el que Sam, un chico de 27 años, vuelve escaldado de Londres a casa de su madre, tras haber fracasado en sus intentos de vivir de algo que le apasione o al menos le guste (hablamos, claro, de inquietudes artísticas). En esta nueva vida en su pequeño pueblo natal, consigue un trabajo gracias a Keith, un conocido de su madre que se dedica a la venta comercial. Poco a poco va conociendo a los vecinos de la modesta villa, va intuyendo cómo se relacionan y enterándose de cotilleos (no pueden faltar) y, sobre todo, va abriendo la dura coraza que supone la privacidad de Keith, un ciencuentón del que no sabe casi nada pese a pasarse horas y horas con él en el coche.

Me gusta mucho cómo Winterhart refleja la vida en el pueblo y cómo nos deja ver la evolución de Sam, que poco a poco va apreciando una vida mucho más sencilla y sin tanto artificio como la de la gran ciudad, así como el misterio que crea con el impenetrable Keith. Una lectura relajada que va tomando fuerza emocional hacia el final y consigue que cojamos un enorme cariño a los personajes.

El humano, de Lucas Varela y Diego Agrimbau

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Publicada en febrero de este mismo año por La Cúpula, sería una pena que esta obra de Varela y Agrimbau pasara un poco desapercibida por los motivos que todos sabemos. No se publica demasiado cómic de ciencia ficción de costuras clásicas, y no es que El humano a primera vista rezume clasicismo (al menos, no el estilizado dibujo), pero una vez leído reconocemos una historia en la que las debilidades del ser humano quedan en evidencia y sus virtudes inspiran a sus propias creaciones robóticas, todos ellos elementos habituales en la buena ciencia ficción.

A través de Alpha, una androide que no recuerda quién es ni cómo ha llegado al planeta donde despierta, conocemos un mundo salvaje en el que impera la ley de la selva (nunca mejor dicho) y que servirá como escenario por el cual nuestra protagonista irá descubriendo su cometido, así como conociendo a otros personajes que complicarán enormemente su existencia. La locura, la violencia y las ansias de poder hacen acto de presencia en un viaje psicológico que refleja la naturaleza cruenta del ser humano.

Como digo, el guión puede no sorprender, pero mantiene las diferentes intrigas con habilidad y consigue hacer crecer a los personajes y lograr que nos importen. Eso sí, lo que enamora es el dibujo de Varela: espectacular, ágil, limpio, y con un uso del color que da personalidad a la obra desde la primera página. Pura evasión con un mensaje tan pesimista como real.

Perdidos por el más allá 1. El nacimiento de la superheroína, de Ramón Boldú

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Vuelve Boldú. Nunca se había ido realmente, pero hacía ya tres años que no veíamos nuevo material (desde Los sexcéntricos, que era novedoso solo en parte). Y vuelve con el primer tomo de una tetralogía que comienza en otoño de 2003 y que, como siempre, deja con ganas de más.

Llevo leyendo a Boldú desde que El Víbora serializaba Memorias de un hombre de segunda mano. Antes de que se pusiera de moda el cómic autobiográfico, él estaba ahí. Antes de que habláramos de slices of life y del tebeo de autor, él estaba ahí. Siempre estuvo ahí, y siempre relatándonos una vida que, entre sus trabajos en revistas eróticas, sus divorcios y demás conflictos de pareja, y el interminable catálogo de personajes que le han rodeado, daba y da muchísimo juego. En está ocasión, nos encontramos como  protagonista a su amiga Ana Flash, tan poco predecible como adorable, y a la que nuestro héroe saca continuamente de apuros pese a poner en riesgo su propia vida privada. Por supuesto, a ellos se suman multitud de personajes que van de la parapsicología a la delincuencia, pasando por las siempre complicadas relaciones familiares.

Boldú es un narrador impresionante, sabe sacar provecho de todos los recursos de la historieta y consigue eso tan difícil que es que el lector pase una página tras otra con absoluta naturalidad, metido por completo en lo que se está leyendo y absorbido por la fluidez de la narración. Su dibujo tiene un toque caricaturesco pero a la vez lleno de realismo, repleto de detalles y con esa aparente sencillez que solo consiguen los grandes autores.

Editado el pasado enero con la calidad a la que nos tiene acostumbrados Astiberri, supone un peldaño más en esa gran obra autobiográfica que esperemos continúe por muchos años.

¡Vaya líos con Jaimito! Pierino en el cine, de Víctor Olid

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Tantas horas encerrado en casa (algo maravilloso, por cierto, si no fuera por los motivos tan aciagos) me está permitiendo ponerme al día con multitud de lecturas pendientes, o que no leí con la calma suficiente en su momento. Una de ellas es esta publicación que solo podría venir de la mano de Vial of Delicatessens: ¡Vaya líos con Jaimito! Pierino en el cine, de Víctor Olid. Y digo esto porque ninguna otra editorial se atrevería a dedicar un ensayo tan trabajado y apasionado como este a lo que todos recordamos llanamente como “la pelis de Jaimito”.

Tras un breve prólogo de Jesús Manuel Pérez Molina y una muy divertida y emotiva introducción del propio Olid, nos llevamos una sorpresa al encontrar como primer título comentado la popular Amacord, de Fellini. Sin ser parte de la saga de Jaimito, sí descubrimos que es el germen del Pierino cinematográfico y la consagración de Alvaro Vitale en ese papel humorístico que explotaría posteriormente. A partir de ahí, comienza el desfile de todas las jaimitadas, como bien denomina el autor, desgranando cada película al detalle, aportando anécdotas e información que, al menos servidor, no conocía en su mayor parte, y haciendo especial hincapié en aclarar al fin qué títulos fueron realmente de Pierino / Jaimito (muy, muy pocos), cuáles aprovecharon el éxito del personaje cambiando su nombre original para encajar en el universo Jaimito, y cuáles, ya incluso sin Vitali, engrosaron la larga lista que, con mayor o menor fortuna, intentaron exprimir el concepto.

Completa el libro, además de una relación de biografías de los principales actores y directores involucrados en estas producciones y una extensa selección de fotocromos y carteles de las películas, un excelente anexo sobre los cómics basados o inspirados por Jaimito que me ha fascinado. Desde las publicaciones eróticas de la editorial Edifumetto (que aparecieron en España en la revista Ruta 69), a la mítica revista juvenil de Editorial Valenciana Jaimito, pasando por muchas otras encarnaciones del personaje, Olid comenta y analiza cada una de ellas, poniéndolas en contexto y dando cuenta de su importancia en la inmensa expansión del personaje.

Un desenfadado y documentado ensayo que se lee en un santiamén y que puede conseguirse a precio de risa en Vial of Delicatessens.

The Comics Journal #305

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Una de las cosas que me fascinan de The Comics Journal es su infinito afán de curiosidad a la hora de elegir los temas a tratar, apostando por la difusión de autores y obras que, de otra manera, tendrían una repercusión aún menor de la que ya tienen. Un buen ejemplo es esta entrega de la revista, dedicada a la enfermedad y la discapacidad en el cómic.

Dos extensas entrevistas articulan gran parte del especial. La primera de ellas da voz a HTML Flowers y Rebecca Kirby, que relatan en sus viñetas autobiográficas las dificultades de una vida con una enfermedad crónica  (fibrosis quística y gastroparesia, respectivamente), una rutina que se desarrolla entre hospitales, ambulatorios y continuos dolores. El humor y la entereza que muestran en sus respuestas, es el mismo que desarrollan en sus cómics (inéditos por estos lares, si no me equivoco). La segunda, reúne a Georgia Webber, que perdió su voz por una afección médica y decidió expresarse a través de las viñetas, y Maria Sweeney, excelente ilustradora que cuenta en su obra las consecuencias de sufrir el Síndrome de Bruck (una rara enfermedad que afecta a huesos, venas y músculos). Además, encontramos un didáctico desplegable realizado por Alece Birnbach para la asociación de profesionales de reumatología y, para cerrar el dossier, un muy duro cómic de Patrick Dean en el que cuenta su odisea para descubrir qué le estaba ocurriendo hasta que finalmente le diagnosticaron ELA (esclerosis lateral amiotrófica), dándole tan solo algunos años de vida (la historia está escrita en 2019 y, por fortuna, Dean aún sigue dibujando a pesar de las dificultades de movilidad, cada vez mayores, que conlleva su enfermedad).

Este número se completa con interesantes textos de varios autores explicando cómo se enfrentan al dibujo de la anatomía en sus historietas, una divertida crítica a Blankets, esa obra inmensamente sobrevalorada (vale, a todos nos gustó en su momento, pero cogedla ahora…), una entrevista a mi admirado Kevin Huizenga, y una muestra de viñetas humorísticas de Clare Biggs (dibujante de principios del siglo XX) coloreadas para la ocasión, y con gran gusto, por Noah Van Sciver.

Batman Eterno

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Aprovechando la nueva edición que ha publicado Salvat de esta saga, ligada al coleccionable de Batman actualmente en curso, he podido al fin leerla y disfrutarla al completo (eso sí, me he abstenido de continuar con Batman y Robin Eternos, ya he tenido suficiente con la historia original ).

Surgida del éxito de la fórmula empleada en 52, Batman Eterno fue una colección semanal en la que un grupo de guionistas (bajo la dirección Scott Snyder y James Tynion IV) y una extensa nómina de dibujantes (destacando Jason Fabok como reclamo inicial), narraban en tiempo real una historia del personaje a lo largo de un año. Coordinar a tanto artista con ese ritmo semanal debió de ser un trabajo agotador, y lo más sorprendente es el excelente resultado: una de las aventuras de Batman más trepidantes de los últimos años.

Partiendo de un hecho que destroza la vida de James Gordon, la trama se desarrolla de sorpresa en sorpresa, poniendo al límite al hombre murciélago y con la progresiva participación de todos sus aliados. Pura evasión, un guión muy bien construido para lo que se podía esperar de proyecto así y un nivel de dibujo que solo decae en muy contadas ocasiones.

Algunos libros

Empezando por lo más reciente, acabo de concluir la lectura de La inesperada verdad sobre los animales,  de Lucy Cooke (Anagrama, 2019). Sobra decir que no tengo ni el más remoto conocimiento zoológico, ni me he interesado nunca en leer demasiado sobre animales, aunque sí les tengo el respeto y cariño que, creo, deberían recibir de cualquier persona mentalmente sana. Dicho esto, he disfrutado muchísimo el ensayo de Cooke gracias a su acertado equilibrio entre divulgación y rigor científico, no recreándose demasiado en la anécdota curiosa, aunque no falten. Articulado en torno a una selección de los animales más rodeados de multitud de leyendas y falsedades que todos hemos escuchado, la zoóloga relata en el libro todas las investigaciones, experimentos y teorías acerca de cada uno de ellos, desmintiendo, confirmando o incluso manteniendo el misterio en ciertas ocasiones. Desde las habilidades arquitectónicas del castor, hasta la aparente inutilidad y vaguería del perezoso, pasando por el oculto origen de las anguilas o la legendaria mala fama de la hiena o el buitre. Una gozada.

Sin embargo, Hannah Fry hace en Hola Mundo (Blackie Books, 2019) todo lo contrario. Bajo la interesante premisa de cómo afectan los algoritmos y la tecnología basada en ellos en el ser humano, Fry dedica la mayor parte del volumen a contar una anécdota tras otra, con pinceladas de información, pero centrándose en esa forma de narrar superficial y de buen rollo que caracteriza a todos estos divulgadores que dan un par de charlas TED y ya se creen dioses (¿soy yo o la sola mención de la palabra TED produce escalofríos?).

Para terminar, dos textos que tienen en común la pasión por los libros, la brevedad y el origen italiano de sus autores: Historia de los libros perdidos, de Giorgio Van Straten (Pasado & Presente, 2016) y Clásicos para la vida. Una pequeña biblioteca ideal, de Nuccio Ordine (Acantilado, 2017). En el primero, Van Straten relata la historia de ocho libros de literatos reconocidos que, se cree, llegaron a existir pero, por uno u otro motivo, no fueron editados o terminados, quedando en el olvido. Unas memorias de Lord Byron en las que, supuestamente, revelaba su homosexualidad, los escritos de juventud de Hemingway (desaparecidos en una maleta robada), o la destrucción de los diarios y desaparición de una novela inacabada de Sylvia Plath son algunos ejemplos. Por su parte, Nuccio Ordine hace algo tan simple como elegir las, en su opinión, cincuenta obras imprescindibles de la literatura universal, seleccionando un extracto de cada una de ellas y añadiendo un breve texto justificando dicha elección.

Dinastía de X, Potencias de X y Matanza Absoluta

Desde hace ya bastantes años, Marvel me decepciona una y otra vez. Sigo el Spiderman de Nick Spencer por pura inercia, a mi querido Castigador se lo llevan cargando hace tiempo con ideas cada vez más peregrinas, el Capitán América de Coates es aburrido y previsible (no pasé del primer arco), y por lo demás, pues poco hay salvable o mínimamente llamativo (tengo en la recámara tres tomos del Daredevil de Chip Zdarsky, que no pinta mal). Sin embargo, cada vez que hay algún evento o nueva etapa, suelo caer en la trampa y picar, como ha ocurrido en estos dos casos.

El primero es el esperadísimo reinicio de los mutantes, Dinastía de X y Potencias de X, con Jonathan Hickman al frente. ¿Esta era la gran revolución, la nueva era gloriosa de los Hombres X? He sufrido para terminar su lectura, pesada y reiterativa, con esos interludios y esquemas muy estéticos pero insufribles, y con unas ideas que me recuerdan demasiado a Genosha y a tramas ya vistas. Puede que en esta ocasión las expectativas hayan jugado en contra, es un decente cómic de mutantes sin más, pero muy lejos de la fama que ha cosechado. Eso sí, el dibujo de Pepe Larraz y R. B. Silva no podría ser mejor.

Por otra parte, el pretendidamente entretenido y macarra evento Matanza Absoluta, que si bien no es ni tan entretenido, ni tan macarra, sí consigue exprimir hasta el tuétano todo el asunto de los simbiontes, algo que Donny Cates lleva haciendo ya muchos meses en la colección regular de Veneno. La ocurrencia de esa esencia simbionte que va quedando en cada uno de los huéspedes no deja de ser divertida y consigue dar juego hasta mitad de la historia, donde ya todo se desmadra y no da mucho más de sí, hasta llegar a un final que no deja de ser un gran cliffhanger. De nuevo, el buen hacer de los dibujantes, Ryan Stegman y el veterano Mark Bagley, ayuda a disfrutar más la historia.

The Comics Journal #304

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En este número, publicado a finales del verano de 2019, el protagonismo se lo lleva Simon Hanselmann, el popular autor australiano publicado aquí por Fulgencio Pimentel, provocador a la par que sensible y con un sentido del humor que pasa de lo cafre a lo profundo con suma facilidad. En una extensa entrevista cuenta con detalle su infancia, no tan infeliz a pesar de una madre heroinómana, un padre ausente y una ciudad muy peligrosa, su afición al travestismo (“Tiene sentido para mí porque, si encuentras a las mujeres bonitas y te atraen, ¿por qué no vas a querer ser como ellas?”) o su firme voluntad de dedicarse a dibujar desde los 12 años. Sin embargo, la parte más divertida de la charla llega cuando explica su polémica con Robert Crumb (en relación a cierta referencia a sus cómics tildándolos de invasivos respecto a la mujer) o con esos pequeños palos que propina a Tillie Walden por atreverse a publicar un ladrillo autobiográfico como Piruetas, siendo aún demasiado joven para tener una perspectiva de lo que cuenta (y por cierto, aprovecho para añadir que me parece una de las autoras más sobrevaloradas del momento).

En esta entrega de la revista encontramos además un muy interesante especial sobre la situación económica y la perspectiva de futuro de festivales y dibujantes (con textos de algunos de ellos, como Moritat o Roberta Gregory), o un apasionante artículo sobre los intentos de algunos autores en los años 70 de crear un gremio para defender sus derechos de forma colectiva (con Neal Adams como héroe de la clase obrera y Jim Shooter como villano, intentando envenenar la iniciativa al más puro estilo Loki). Además, y entre muchos otros contenidos, un vistazo al sketchbook de Sophie Franz que deja con la boca abierta, un cómic inédito de Laura Lannes y el primer y único capítulo del cómic infantil Lovo and The Firewolf, obra de Geoffrey Hayes, que falleció antes de poder acabarlo.

Capitán Atom, de Cary Bates y Pat Broderick

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DC Comics. Serie regular de 57 números en EE.UU. (1987 – 1991); En España, serie regular de Zinco de 20 números (algunos dobles o triples) publicada entre 1989 y 1990.

La nostalgia nos juega a menudo malas pasadas, y la lectura de la serie regular del Capitán Atom, de la que solo leí 6 o 7 números sueltos en su momento de publicación, es un buen ejemplo. Tenía recuerdos de algunas espectaculares portadas (algo que sigue vigente vistas a día de hoy), enfrentamientos brutales con Firestorm o el Mayor Force (leídos ahora, no tan apasionantes), momentos emotivos (como cuando Plastique salva la vida al Capitán, por puro interés, pero mostrando cierta compasión) o trepidantes intrigas militares (que esta vez me han hecho dar alguna que otra cabezada).

Quizá hubiera sido mejor quedarse con los recuerdos, porque en estas 20 grapas de Zinco, lo que más he disfrutado son los correos de los lectores y todas las aportaciones en forma de noticias o artículos de Miguel G. Saavedra. El tebeo en sí, guionizado por Cary Bates, no resulta ser una mala historia de superhéroes al uso, con villanos de cierto nivel y entretenimiento aceptable, pero toda la trama del General Eiling y el origen de Atom se alarga de forma tediosa, y la presencia del Doctor Megala me irrita sobremanera.

También se me ha caído en parte el recuerdo que tenía del dibujo de Pat Broderick. Me sigue pareciendo un artista con mucha personalidad para lo que es el estándar superheróico, pero supongo que cuando leí aquellos tebeos por primera vez, no me fijaba demasiado en ciertos detalles anatómicos y narrativos que ahora me han chocado. Pese a ello, tiene números bastante buenos y otros para olvidar, lo que indica que probablemente se trataba de un problema de fechas de entrega.

En cualquier caso, la ilusión tanto de conseguir la colección completa, como de leerla de principio a fin después de tantos años deseando hacerlo, está por encima de todas la pegas que pueda sacarle. Así que acabaré diciendo lo contrario de lo que afirmaba al principio: a veces la nostalgia nos da grandes satisfacciones.

España lixiviada, by Furillo

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Dice un amigo mío que Furillo le parece una versión con menos gracia de Pedro Vera, algo en lo que no estoy de acuerdo. Supongo que influye que he leído más cosas y desde hace más años a Furillo que a Vera (el TMEO forma parte de mi educación), pero no nos pongamos tontos, los dos son unos titanes a la hora de mostrar lo más zafio y decadente de esta nuestra querida tierra.

España Lixiviada es una recopilación de sus páginas para El Jueves, y eso, por desgracia, se nota. A pesar de que no escatima en escenas grotescas y en escatología (hay ciertas viñetas que me sorprende que haya publicado la revista que sale los miércoles), se nota demasiado que no deja de ser un trabajo de encargo en esa obsesión desesperante y muy cansina por los mismos temas que hace que El Jueves sea tan aburrida. Por favor, no más chistes sobre cuñados, fiestas de pueblo, fachas, curas o toreros, tan rancios son todos ellos como las bromas a su costa.

A pesar de ello, Furillo logra llevárselos a su terreno y aportar un nivel de grosería y repugnancia que recuerda a su estrella del TMEO, El Maestro, aportando así algo nuevo al enésimo chascarrillo sobre los mencionados asuntos. Eso sin olvidar su extraordinaria capacidad para el dibujo, tan detallado y palpable que parece que te va a salpicar en cualquier momento (y a nadie le gustaría ser salpicado por esos lixiviados).

Finalizo con lo que más me ha hecho reír en todo el tomo: el marcapáginas de Sánchez Dragó (hay que verlo para creerlo). Para comprobarlo, tan fácil como hacerse con este tebeo en Autsaider Cómics.

Marvel Comics presenta (sin orgullo alguno): Anexo

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Marvel. Miniserie de 4 números. Fecha de publicación: USA, 1994; España, 1995 (Forum).

Rebuscando entre los rincones más ocultos de mi colección, he tenido la ¿suerte? de toparme con esto. Los 90 en su máximo apogeo.

Engendrado en las páginas del anual número 27 de The Amazing Spider-Man (1993) y con uno de los uniformes más retorcidos y abominables que se recuerdan, Anexo tuvo su pequeño momento de gloria en esa loca década. Eran los tiempos del ciberpunk  decadente y de baratillo que proliferaba tanto en las viñetas como en el cine (RoboCop 3 se estrenaba ese mismo año y, de hecho, en algunas páginas su influencia es más que evidente). Quizá debido a ello, a algún editor poco avezado se le ocurrió que Alex Ellis (identidad secreta del personaje) merecía una miniserie propia en la que lucir esa armadura robótica monstruosa, probablemente obra de un diseñador de Desigual muy puesto de cocaína.

Aburrida, confusa y llena de tópicos, la serie contaba además con un grotesco villano calvo y con brazos biónicos, bautizado como, ejem, Brazos . Por si esto no era suficiente, al guionista, Jack C. Harris (creador original del personaje), le asignaron lo mejorcito que rondaba aquellos días por las oficinas de Marvel : cuatro becarios a modo de dibujantes que, además de restar uniformidad a la colección al encargarse cada uno de un número, gozaban de una portentosa imaginación a la hora de redefinir la anatomía humana o de retorcer perspectivas. Una montaña rusa mareaba menos que la lectura de estas cuatro grapas. Una joya imprescindible, sin duda.

Somnium Tenebris (Tratado sobre pesadillas y sueños oscuros), de Manuel Jesús Palma

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Desde que supe de su publicación, tenía unas tremendas ganas de ponerme con la lectura de este ensayo, sin duda debido a lo poco que sabía sobre la investigación en materia de sueños. Precisamente, es ese apartado del estudio de Manuel Jesús Palma el que más he disfrutado, el dedicado a explicar con detalle y de forma muy didáctica tanto las diferentes fases del sueño, como toda la historia científica del estudio de las pesadillas.

Estructurado en dos partes bien diferenciadas, y un breve anexo, toda la primera mitad del tratado dibuja un apasionante recorrido por las distintas teorías acerca de los terrores nocturnos, las parálisis del sueño y todas esas terribles experiencias oníricas que atormentan al ser humano desde el Antiguo Egipto hasta nuestros días. Al mismo tiempo, se nos detalla el funcionamiento de las ondas cerebrales, sin escatimar en datos, pero primando la comprensión del lector y las referencias culturales, que serán protagonistas absolutas de la segunda parte del libro.

En dicho segmento, que ocupa la mayor parte del ensayo, destacan especialmente los capítulos centrados en las pesadillas en la pintura, la literatura y el cine, que desgranan de forma minuciosa todas las obras artísticas imaginables en las que el terror onírico hace acto de presencia o, directamente, actúa como protagonista e hilo conductor. Por fortuna, no se trata solo de una enumeración, y ello es gracias a que el autor sabe conectar dichas referencias haciendo la narración fluida y adictiva. Se me queda algo corta la sección dedicada a los cómics, y muy larga la propia de los videojuegos (es algo personal, por lo mucho que me interesan los primeros y lo poco que me llaman los segundos), pero no es algo que estropee la lectura.

Respecto a la edición, qué puedo decir de Dilatando Mentes Editorial. Atención al detalle, calidad y cariño son ya marcas de la casa que no faltan en ninguna de sus publicaciones.

The Comics Journal #303

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El número 303 de la veterana revista especializada de Fantagraphics supuso, el pasado año,  su retorno  tras seis años sin dar señales de vida, y con un nuevo formato más parecido al habitual durante mucho tiempo (los números 301 y 302, de los que hablaré próximamente, fueron un breve experimento en un formato de libro, de libro MUY grueso). Para mí también significó volver a su lectura y recordar por qué la disfruto tanto (y también me recordó lo triste que es que no haya nada similar en castellano. Lo más parecido fue en su momento U, el hijo de Urich).

Dedicado en gran parte a Tomi Ungerer, con una introducción de 33 páginas y una entrevista de 47, ambas a cargo de Gary Groth, resultó por desgracia la última entrevista al dibujante e ilustrador francés, que falleció pocos meses después. En ella se hace un recorrido exhaustivo por la apasionante vida de Ungerer, que aprovecha para dejar claras sus, a veces, polémicas opiniones. Habla de su infancia bajo la ocupación nazi, los complejos respecto a las mujeres de los que responsabiliza a su madre (“básicamente, soy un misógino. De hecho, diría que la única forma de liberarse de la mujer es mediante la masturbación, porque en ella puedes hacer realmente lo que quieras”), sus críticas a los clásicos de las tiras de prensa americanas (“Detesto Peanuts, Pogo o Krazy Kat, los detesto a todos ellos.”), su amistad con Philip Roth, su ateísmo convencido… El mejor y más completo perfil de Ungerer que queda ya como testamento.

La revista se completa, además de con las secciones que prometen ser habituales, con una muestra del cuaderno de bocetos de Antoine Cossé, un dossier sobre el nuevo mainstream o una más breve entrevista a Fifi Martinez. Pero quiero destacar también un emocionante texto acerca de Steve Perry, guionista de la serie de animación y de los cómics de Thunderbolts, cuya vida, tras un revés de Marvel a sus aspiraciones profesionales, pasó por una ruina económica absoluta, cinco hijos de diferentes mujeres, un grave cáncer y un dramático final siendo asesinado y desmembrado por sus compañeros de piso. Sobrecogedor.