Otoño en la Valcueva

OTOÑO frontal

Debo de ser un blandengue, lo sé, pero reconozco que la línea que más disfruto de ese sello videográfico que tantas alegrías nos da, Vial of Delicatessens, es, junto a su vertiente más humorística, la marcada por los “Docu-cortos” de Naxo Fiol o el ejemplo del que quiero hablar hoy, “Otoño en la Valcueva”, de Víctor Olid.

Ya desde el primer momento, el fuego de una hogareña chimenea nos adelanta que lo que vamos a ver es algo familiar, incluso íntimo, me atrevería a decir, pero tratado con elegancia y un cariño, con honradez autoral, sin artificios. Tan solo la música (excelente) acompaña a unas escenas llenas de naturalidad, que se suceden con toda la calma que otorga el paisaje en el que se desarrollan. El amor por el detalle que muestra Olid, fijando su mirada en viejas telarañas, flores (y capullos incipientes a punto de florecer), o toscos pestillos de puertas, es parte de esa armonía que nos mece y que resulta absolutamente hipnótica.

Tampoco faltan las conversaciones en familia, las de verdad, las que surgen cuando uno se encuentra en su entorno sin más preocupación que escuchar a los que aprecia y pasar tiempo con ellos. Un privilegio poder asistir a esos trayectos en coche en los que, mientras los árboles y los peñascos pasan raudos por las ventanillas, escuchamos esos diálogos que a todos nos resultan familiares.

Y no resultan menos protagonistas dos de los más adorables personajes de esta historia, Maca y Palito, dos intrépidos perros cuyas grandes aventuras se turnan entre sus exploraciones del terreno rural y la interacción con sus dueños (la larga escena de Aída jugando con ellos sentada en un escalón de piedra es algo increíble, por la valentía de no cortar y por lo bonito del momento). La admiración por el mundo animal se ve reforzada por las gallinas, las ocas y demás fauna que campa a sus anchas por muchas de las escenas.

Puede que el haber pasado gran parte de mis vacaciones de infancia en un pueblo cántabro no tan diferente de Palazuelo de la Valcueva haya influido en lo mucho que he disfrutado este video-diario, pero fuera de apreciaciones personales, supone un género poco explorado en nuestro país, más aún de la forma, honesta y sin pedanterías, en que Víctor Olid lo hace. Solo por eso, resulta imprescindible.

Disponible en Vial of Delicatessens

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