William Chesnut & Ribapolla

Frontal ribapolla

Aquí está por fin. Había expectación, reconozcámoslo, especialmente en los que, desde hace más o menos años y en una u otra de sus múltiples facetas, hemos seguido a Víctor Olid. Pero no es solo eso, es que además su primer cómic iba a ser dibujado por, probablemente, el mejor y más prometedor dibujante de Balaguer (esa población cuyo Ayuntamiento debería haber patrocinado este tebeo, ya que es casi un personaje más): el gran Patrick Grau.

Pues bien, una vez leídas sus 264 páginas, y evitando desglosar influencias (los propios autores las dejan claras en el tomo: Johnny Ryan, Pedro Vera, Kaz, Elreydespaña… Yo añadiría a Ivan Brunetti y Gustavo Sala, qué más que influencias, serían autores “hermanos”, al menos en intención), voy a resumir mis impresiones en tres puntos.

1) El absurdo.

Es evidente que el humor bruto e incorrecto impregna todo el tebeo: pollas desbocadas, insultos a todos los colectivos y minorías imaginables, violencia pasada de vueltas, drogas y más drogas, sexo enfermizo… Sin embargo, lo que me ha sorprendido más ha sido el tono absurdo que domina muchas de las escenas. El chiste sucio viene a menudo acompañado de un giro irracional que es el que, en mi opinión, distingue y eleva el humor. O dicho de otra forma: que un armadillo dé por culo a William Chesnut sería gracioso, pero que un armadillo instale su vivienda con todas las comodidades en el culo de William Chesnut es cojonudo.

2) La expectativas.

Como decía al principio, cuando se ha seguido en mayor o menor medida las creaciones dewcr-sociedad un autor, es inevitable crearse unas expectativas y anticipar por dónde va a ir lo próximo que haga. En este caso, debo reconocer que esperaba unos personajes más locuaces. Conociendo la indudable agudeza para los diálogos de Olid y su adictiva y siempre disfrutable capacidad de conversación, me ha llamado la atención que gran parte de las historietas sean casi mudas y se desarrollen a modo de slapstick. Estoy seguro de que se trata de algo deliberado, sobre todo al encontrarse acompañado del talento de Grau, lo que nos lleva al punto tres.

3) Patrick Grau.

Lo de Grau no es normal. Que este sea su primer cómic profesional o que, como se menciona en la introducción, no esté ya trabajando para alguna gran editorial, es algo que clama al cielo. Ya no es solo que su dibujo sea virtuoso y reconocible, es que la narrativa de sus páginas es tan ágil, tan frenética, desprende tanto dinamismo, que logra que el lector pase las páginas y se meta en las viñetas casi sin darse cuenta, con una naturalidad pasmosa. Una maravilla y un futuro esplendoroso el que le espera.

Como cierre, no podemos olvidar los extras que incluye el voluminoso tomo. Por un lado, Vorhees y los Egonautas, una recopilación de historias cortas de Patrick Grau muy, muy divertidas (la vida de “El Ruvius” es desternillante) y una amplia galería con dibujos del propio Grau y de colaboradores de relumbrón, como José Tomás, Molina, Naxo Fiol, Srta. Calamidad y muchos otros.

Hay que leerlo, puede contagiar enfermedades venéreas y homofobia, pero merece la pena arriesgarse. Cómprenlo aquí: Vial of Delicatessens

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