Grandes semanas: De manga en el British Museum a Pascal Comelade con Max

Nueva larga ausencia, aunque esta vez bien justificada, ya que no he parado estas últimas semanas. Comenzamos por la semana que pasé con mi novia en Londres, donde, además de las visitas obligadas a Forbidden Planet y demás tiendas comiqueras de la zona, tuvimos la suerte de que en el British Museum había una exposición sobre manga (¡sí, manga en el British!), concretamente sobre el autor Hoshino Yokinobu. No sólo eso, la fortuna se alió con nosotros y pudimos asistir a una fascinante conferencia del estudioso Paul Gravett (autor del libro “Manga. Sixty Years of Japanese Comics”), donde analizó el origen, presente y futuro del manga con una pasión contagiosa. Elmomentazó llegó cuando un hombre con gafas y gesto amable hizo una pregunta y Gravett comentó refiriéndose a él: “para los que no lo sepan, este es mi amigo y gran teórico del cómic Scott McCloud”. Claro, yo me quedé de piedra, ¡allí al lado nuestro estaba el mismísimo Scott McCloud! A continuación entablaron un debate sobre diferentes aspectos del manga que recordaré como uno de mis grandes momentos como aficionado a los cómics.

Tras la vuelta de la Pérfida Albión, pude asistir al concierto de Yann Tiersen en La Riviera. Tiersen es principalmente conocido por la banda sonora de Amelie, pero tiene otra cara, mucho más orientada al post-rock, que la que mostró en esta ocasión. Y para mí fue un acierto: distorsión, ruidismo, grandes melodías escondidas entre la maraña de guitarras y sintetizadores. No faltaron los violines y una versión irreconocible del vals de Amelie, pero se centro en canciones desconocidas para el gran público, con lo que demostró su valentía. La parte negativa: la mala visibilidad de una Riviera a rebosar y la gente que no para de hablar en los conciertos (¿por qué paga alguien 22€ para hablar con los colegas? No lo entiendo).

Pero si hablamos de buenos conciertos, al día siguiente asistí a uno de los que no olvidaré nunca: Pascal Comelade junto a Max. No hay palabras para describir la experiencia de escuchar las tremendas y sorprendentes canciones de Comelade al tiempo que Max dibujaba auténticas maravillas con una precisión y una velocidad increíbles.

Y como no todo podía ser bueno, esta misma semana asistí por primera vez a una obra del grupo teatral Yllana, muy populares en la capital por su supuesto humor rompedor. La obra era “Star Trip”, un “homenaje” a la ciencia ficción, y antes de los palos, debo admitir que en lo que a escenografía se refiere, el montaje y los efectos especiales son admirables, tanto por la originalidad como por la efectividad. Sin embargo, tras ello, lo que me encontré fue un humor simplón y vulgar que hasta acabó cabreándome. Una especie de Club de la Comedia, mezclado con Cruz y Raya y cualquier otro humorista de ese ramo que se os ocurra. Provocación de patio de colegio y chistes mil veces vistos. Lo peor de cada casa, vamos.

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