
Vial of Delicatessens, dentro de su línea Vial Books, vuelve a sorprendernos con la publicación de El libro de las mujeres y los hombres malos, de Aida García, un libro de microcuentos e ilustraciones que amplían y enriquecen el ya admirable catálogo del sello.
El género del microcuento, siempre en vigor, ha vivido un auge destacado en los últimos tiempos (como atestigua en muchas de sus entregas una de las pocas revistas de literatura que se publican en España: Quimera). Sin embargo, la combinación de estos breves relatos con ilustraciones no es algo tan habitual, y menos aún de una forma tan preciosista y honesta como en este caso. Y hablo de honestidad porque una de las muchas cosas que me han fascinado de este elegante librito, es que Aida García consigue crear verdadera poesía (visual y narrativa) con sencillez y sin artificios, logrando una belleza áspera, tenebrosa e inquietante.
Las breves historias que Aida esboza en cada cuento nos recuerdan a los imaginarios de Algernon Blackwood, Arthur Machen o, por supuesto, Lovecraft. He releído hasta tres veces cada cuento en pocos días y no dejo de disfrutar con maravillas como Nunca sola (el pasado nos persigue), Miedo (fantástica interpretación de ese primario sentimiento), Locura o El despertar, entre muchos otros. Angustia, desasosiego y una maliciosa sonrisa de placer al final de cada lectura, de ésas que dejan poso y buen sabor de boca.
Y eso que aún no hemos hablado de las ilustraciones. Se nota en ellas una propensión al perfeccionismo y un cuidado por el detalle que alientan al lector a detenerse con calma en cada una de ellas para escudriñar cada pincelada. Si tengo que destacar algunas, las de La dama verde, La esclava o Ruidos me parecen realmente prodigiosas, tanto a modo de ideas para ilustrar los cuentos, como por el estilo y el uso del color.
Respecto a la edición, si Vial ya nos tiene acostumbrados a cuidar con esmero sus publicaciones, en esta ocasión han subido aún más el listón, logrando que el volumen sea un objeto de belleza por sí mismo. Júzguenlo ustedes mismos haciéndose con él aquí: http://vialofdelicatessens.blogspot.com/
Hay una corriente de pensamiento (¡una corriente de pensamiento, ojo, una escuela, un teorema!)… Bueno, empecemos otra vez. Hay un podcast muy popular que, día sí y día también, se dedica a despreciar los coleccionables de cómics que, afortunadamente, vuelven a estar muy presentes en nuestros quioscos (los que quedan) y librerías. El argumento es que los coleccionables no son para los verdaderos creyentes, los auténticos comiqueros, que deberían adquirir y devorar las colecciones completas de cada personaje, respetando la continuidad y no dejándose ni una grapa fuera. Picotear es de cobardes.
sigue publicando algún que otro coleccionable. En este momento, dos populares westerns ocupan su catálogo: la Colección Lucky Luke, ya próxima a su final, y el más reciente Blueberry, otro imprescindible que no sigo porque me he decantado por los integrales de Norma. Ambas colecciones, en cualquier caso, suponen un exhaustivo afán completista, ya que incluirán no solo ambas series completas, sino también todas sus colecciones derivadas.
lecciones de cómo administrar los tiempos y sacarle todo el potencial cómico a sus personajes, dotando además a la historia de una cierta continuidad que nos hace querer (u odiar aún más) a estos oficinistas de pacotilla. ¡Y qué bien retrata el autor el ambiente de una oficina y sus mugrientos integrantes! Todo el que haya trabajado en ese entorno (me cuento entre ellos) no solo lo reconocerá de inmediato en estas viñetas e identificará a muchos de sus compañeros en ellas, sino que se odiará a sí mismo por tener que consumir 8 o más horas de cada uno de sus días en esos opresivos edificios inteligentes. Porque, lo mejor de todo, es que Peregrina no tiene piedad ni busca moralejas con sus protagonistas, sino que muestra sin tapujos todo el egoísmo e hijoputismo que caracteriza sin remedio a la empresa media española y sus empleados.
Y el momento llegó: #Una Novela Gráfica ya luce orgulloso en mis estanterías. Más de 200 páginas de un Manuel Castaño desatado, honesto, confidente y muy divertido, sobre todo, muy divertido.




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