Aunque ya hace tiempo que caté un Dylan Dog de Tiziano Sclavi, no acabé de disfrutarlo del todo, probablemente porque no lo leí en las mejores condiciones (con un gripazo encima). Por ello, considero mi verdadero primer Bonelli el tomo de Martin Mystere que acabo de terminar (el primer tomo de la colección Maxi Martin Mystere, de Aleta, una pequeña pero luchadora editorial que sigue buscando la fórmula para introducir en el mercado español las longevas series del sello italiano). Lo he disfrutado mucho, tanto por sus entretenidísimos
guiones llenos de aventura y misterio con un estilo clásico pero moderno y, a veces, hasta auto-referencial, como por el dibujo, a veces funcional (lo que ya es un mérito) y otras veces, magnífico. Es el caso del dibujante Rodolfo Torti, al que desconocía por completo, que demuestra excelentes cualidades y un estilo que me recuerda a un Carlos Sampayo con menos masas de negro, pero con la misma expresividad.
Y esto no acaba aquí, ya que, además de que no me perderé las siguientes entregas de Martin Mystere, la semana que viene conseguiré gracias a un amigo la colección completa de Nathan Never (o la ciencia ficción vista por Bonelli). También me tienta mucho Dampyr, serie de vampiros de la que ya tengo el primer tomo pendiente de leer. Y por supuesto, no descarto darle una segunda oportunidad a Dylan Dog o una primera a Tex. Las series de Bonelli ofrecen lo que ya no son capaces de ofrecer Marvel y DC, cómics de aventuras sin grandes pretensiones pero altas dosis de entretenimiento y adicción.
Tebelogs