No suelo hablar demasiado por aquí de mi vida personal (y no es que vaya hacerlo ahora, así que ¡guardad las grabadoras, periodistuchos de Sálvame!), pero hoy voy a desvelar un dato: trabajo en una compañía dedicada a la Propiedad Industrial e Intelectual. Sé que esto os un importa un pimiento, pero si lo saco a colación es porque esta semana nos llegó a las oficinas un manga editado por la OMPI (la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual), y como aficionado (adicto, más bien) a los tebeos que soy, no pude más que lanzarme a él y alegrarme de la tan cacareada “normalización” del medio. Lo curioso es que el manga no está tan mal (para cómo suelen ser estos productos subvencionados), así que os animo a que le echéis un vistazo aquí.
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Tebelogs
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