Llevo un par de días de baja debido a una infernal infección bacteriana que ha decidido apoderarse de los tendones de mi rodilla derecha. Para detener esta inesperada invasión han acudido en mi ayuda Los Poderosos Antibióticos ©, grupo de héroes con habilidades especiales auspiciados por el gobierno que, sin embargo, en su lucha siempre causan efectos secundarios. En cualquier caso, estos días de recuperación son muy propicios para ver pelis, escuchar discos y leer tebeos y libros que teníamos pendientes desde hace demasiado tiempo. Precisamente, a la hora de elegir las lecturas me he dado cuenta de que la cantidad de cómics pendientes empieza a ser preocupante (más aún desde que he empezado a comprar también vía Previews), tanto que estoy pensando en hacerme una lista con todo lo que aún no he leído, porque a veces temo que se me olvide algo. Hay de todo: colecciones completas, ya terminadas o aún en publicación, que casi ni he catado aún (como Los 4 Fantásticos de John Byrne, La Cosa del Pantano, 100 Balas, Alvar Mayor, Leyendas de Batman o los álbumes de Lucky Luke que regalaban con la colección de Tomás el Gafe), otras que llevo a la mitad (Sandman, Predicador, Transmetropolitan, Hellblazer…), tomos sueltos que requieren su tiempo (Persépolis, Stuck Rubber Baby, Diario de una adolescente, Black Hole, Contrato con Dios…) y otros no tan voluminosos (Twilight, Batman: Presa, Criminal: Cobarde, Enigma, En busca de Peter Pan, dos o tres de König…). Como digo, hay de todo, pero sí me he dado cuenta de una cosa, lo que más al día llevo son las grapas y el material americano. Lo de los tebeos en grapa tiene lógica, te lo puedes leer en cualquier ratito libre que tengas y es fácil que caigan uno o dos al día como mínimo por muy poco tiempo de ocio del que dispongamos; en cuanto a los cómics en inglés, debe de ser por la ilusión que tengo como novato en estos lares, lo que hace que les de prioridad (eso sí, también tengo algunos Essentials pendientes, que no son moco de pavo). Si a esto le sumamos los libros pendientes y la maldita costumbre que tengo de escuchar con atención al menos 3 ó 4 discos nuevos cada semana (lo de “con atención” quiere decir escucharlos enteros, varias veces si son interesantes y con los cascos grandotes), pues eso, que no sé de dónde sacar el tiempo. Pero bueno, para eso están las vacaciones y estas bajas repentinas, aunque no sé si es peor quejarse por exceso o por defecto.
Archivos para Febrero 2008
Ayer, casualmente, fue un día en el que una peli y un tebeo se encargaron de recordarme lo patéticos que resultan los trabajos de oficina (como en el que estoy ahora mismo) y lo dóciles que nos hemos vuelto ante el arrollador engranaje capitalista. La película es Trabajo Basura, dirigida por Mike Judge en 1999, y refleja en algunos momentos de forma magistral la imbecilidad de los trabajos en las grandes empresas (o en las pymes, lo mismo da). Vale que pasada la primera media hora se ablanda y pierde el rumbo, pero merece la pena sólo por esa carcajada amarga que te arranca en los primeros minutos. El tebeo es Hutch Owen, de Tom Hart, una visión mucho más dura pero igual de divertida y llena de humor en la que un homeless antisistema nos muestra, de nuevo, lo estúpido de la sociedad consumista en la que nos arrastramos (genial el capítulo en el que le contratan para trabajar en el mercado de valores). Y ya está, mañana lunes a trabajar y a hablar por el móvil. Así de triste es, sólo nos queda margen para la pataleta.
Lecturas: Alan Moore, Vimanarama, 52, Los Poderosos Vengadores…
Publicado Febrero 23, 2008 Uncategorized 2 Comentarios
Mientras que intento mejorar mi nula capacidad de organización del tiempo para postear de forma más escalonada y no hacerlo sólo los fines de semana, he aquí unos breves comentarios sobre los tebeos que he leído últimamente.
DC Universe: The Stories of Alan Moore. Si todavía hay alguien por ahí que niega la genialidad de nuestro barbudo favorito, es que no ha leído este tomo. Desde el derroche de imaginación de las historias cortas de los Green Lantern Corps hasta los dos mejores cómics de Superman de la historia, pasando por un breve pero impactante paso por la colección de Vigilante o ese final a lo grande con La Broma Asesina, todo en este volumen recopilatorio eleva el género de los tipos en mallas a sus más altas cotas y se disfruta al máximo. No es que sea recomendable, es que es imprescindible.
Midnight Sun. Ben Towle parte en este tebeo de una historia real, la de una desaparecida expedición italiana que, en 1928, intentaba llegar al Polo Norte en globo aerostático. Para investigar qué ha ocurrido con sus integrantes y, de paso, dar la noticia del año, un diario norteamericano manda a uno de sus periodistas hacia el punto donde se perdió el contacto con la expedición. Un cómic excelentemente narrado que, sin caer en sentimentalismos ni teorías conspiratorias (tan en boga hoy en día), cuenta una historia dura pero no exenta de momentos de humor. Me ha gustado mucho.
Vimanarama. Vuelve el Morrison más absurdo y surrealista en este tebeo recién editado por Planeta lleno de deidades indias. Vale, la historia no es nada del otro mundo, y vale, está claro que el guionista escocés ha tenido mejores días, pero me he divertido. Y además, sólo por el dibujo de Philip Bond merece la pena.
52. Que no hable de esta serie no quiere decir que no la esté disfrutando como un enano. Cada dos semanas voy a la librería y me hago con los números que estén a la venta (que ni semanales ni nada, por cierto, tan pronto salen tres en cuatro días como ninguno en quince) para, a continuación, llegar a casa y devorarlos sin perder un momento. A pesar de las líneas argumentales de relleno (la del espacio sobre todo), esta es sin duda la mejor serie de superhéroes que leo actualmente. ¡Y ya se acerca el final!
Los Poderosos Vengadores. La nueva cabecera de Los Vengadores viene a iluminar y dar la réplica a su hermana Los Nuevos Vengadores (en la que Bendis cada día demuestra estar más falto de ideas). Monstruos, peleas grandiosas, destrucción de ciudades… Superhéroes en estado puro que, si bien no supone nada nuevo, no deja de ser divertido. El dibujo de Cho bien, en la línea de Steve McNiven, y tan estático como éste (aunque sin llegar al nivel del espantoso estilo “fotoaburrido” de un Greg Land). Ah sí, y dibuja tetas muy grandes (¿para eso le contrataron, no?).
Northlanders #5 (DC).
Howard the Duck: Media Duckling (Marvel). Mi pequeño homenaje al fallecido Steve Gerber. Este TPB incluye la reciente miniserie dedicada al peculiar personaje realizada por Ty Templeton y Juan Bobillo, además del clásico primer número de la serie original de Howard (publicado en 1976) y algún otro extra más.
The Aviary (Adhouse Books). Apuesta arriesgada del mes, ya que no conocía de nada a Jamie Tanner, autor de esta recopilación de historias cortas protagonizadas por personajes a cual más extravagante: hombres pájaro, fantasmas alcohólicos, simios pornógrafos, perros científicos…
Dork Vol.1: Who´s Laughing Now? (Amaze Ink / Slave Labor Graphics). Otra recopilación, en esta ocasión de Dork, la popular cabecera donde Evan Dorkin da rienda suelta a su descacharrante humor (del que ya di cuenta en el post sobre El Club Eltingville).
Comic Book Holocaust y Klassic Komics Klub (Buenaventura Press). Y seguimos con recopilaciones y con humor, aunque aquí hablamos del humor más bestia e irreverente que nos podemos echar en cara, el de Johnny Ryan. En estos dos volúmenes, Ryan parodia sin respeto alguno tanto los clásicos del tebeo como los de la literatura (desde La Odisea hasta Miedo y asco en Las Vegas, reza la publicidad). No me lo pierdo.
Super Spy (Top Shelf). Está todo el mundo hablando también de Matt Kindt y, más concretamente, de esta obra, que no me he podido resistir (para más información ver este post de Álvaro Pons).
The Comics Journal #290 (Fantagraphics).
Little Things: A Memoir in Slices (Touchstone). Sí, aquí está de nuevo, tres veces en una semana (y las que vendrán): Jeffrey Brown. Esta es su nueva y esperada obra, historias cortas autobiográficas de mi autor favorito actualmente.
Potential (Touchstone). Más slice of life, en este caso de la mano de la dibujante Ariel Schrag en la que nos relata un año de su vida adolescente en el que la confusión y los cambios se multiplicaban a cada momento (me gusta esta frase que incluyen en el texto promocional: “(…) intentando dar sentido al contraste entre la biología que estudiaba y la biología que estaba viviendo”).
¿Cómo puede ser tan condenadamente bueno Jeffrey Brown? Lanzo la pregunta al aire y sé que muchos dirán que exagero, pero tras leer Every Girl is The End of the World for Me no puedo más que rendirme ante la maestría de este autor a la hora de reflejar las relaciones humanas. En esta ocasión, Brown nos cuenta como en unos pocos días puede parecer que tu vida puede dar un giro para al final quedarse como estaba. Y es que aquí Brown nos vuelve a hablar de mujeres sí, pero no de alguna de sus novias (aunque también), sino de la confusión y la obsesión que llega a tener por ellas. Es difícil no sentirse identificado: ¿cómo saber si esa camarera que todos los días nos atiende con especial atención está siendo sólo simpática o quiere algo más? ¿O esa amiga de siempre en la que empezamos a notar un cariño especial hacia nosotros? ¿O esa chica a la que no veíamos desde hace años y que, de repente, quiere quedar demasiado a menudo? ¿Son sólo amigas? ¿Quieren ser más que eso? ¿O es nuestra imaginación masculina la que nos incita a pensar que toda chica que nos presta cierta atención ya siente algo por nosotros? Todas estas preguntas se las hace Brown, de forma menos obvia y más aguda, por supuesto, hasta llegar a una conclusión al final del cómic que resulta tan lógica como difícil de llevar a cabo. Otro diez para Jeffrey.
Bueno, bueno, bueno… Si tuviera que hacer una lista con los mejores conciertos a los que he asistido en mi vida, entraría en ella sin dudarlo el que disfruté anoche. La verdad es que no sabía mucho de Steve Earle hasta hace unos meses, cuando una compañera de trabajo me lo recomendó y me animó a acompañarla al concierto que el norteamericano dio anoche en Madrid. Condensar lo mejor del folk americano en dos horas sin un solo momento aburrido no es fácil, y desgranar un disco tan bueno como “Washington Square Serenade” haciéndolo crecer aún más en directo tampoco lo es. Fueron dos horas que se pasaron volando, con momentos tan emocionantes como cuando salió su mujer, la también cantante folk Allison Moorer, a apoyarle en varias canciones, o tan sorprendentes como cuando apareció en escena un DJ que supondría un acertadísimo apoyo electrónico al sonido acústico de las guitarras de Earle. Y digo guitarras en plural porque tocó multitud de ellas (cuando interpretó una canción con el banjo ya me ganó por completo. Adoro el sonido del banjo). En definitiva, una noche mágica con un público de diez (mención aparte merecen los camareros parlanchines) que no se me olvidará fácilmente.
No, lo de lecturas enfermizas no va por ningún manga depravado que haya leído, va por lo enfermizo que estoy últimamente. Y es que, si ya de por sí actualizo bien poco en los últimos tiempos, pasar una semana sufriendo una mezcla de alergia, gripe y dolores musculares mutantes (pero, para colmo, no lo suficientemente molestos para faltar al trabajo) pues deja escasas ganas de escribir por aquí. A pesar de ello, para leer tebeos siempre quedan fuerzas, y si son gafapastas, más.
AEIOU. Any Easy Intimacy. Casi al mismo tiempo que La Cúpula publicaba en español esta obra de Jeffrey Brown (traducida como Cualquier sencilla intimidad) me llegaba a mí vía Previews. El formato en la edición americana es más chiquitajo que la española, como un minilibro de esos que leíamos de pequeños, pero es perfecto para un tipo de lectura así. Ya lo he dicho alguna vez, pero insisto: me encanta cómo refleja Brown las relaciones de pareja. Lejos de otros slice of life que se limitan a contar linealmente la vida del autor, Brown prefiere fijarse en todos los detalles que, en lo positivo y en lo negativo, dan forma a una relación; desde un jugueteo con los pies en el sofá hasta la conversación más intrascendente, son esas “sencillas intimidades” las que realmente configuran el día a día de una pareja, y Brown sabe contarlas mejor que nadie y dotarlas de gran expresividad (por favor, no quiero volver a oír eso de que Brown no sabe dibujar). Por cierto, también he leído ya Be a Man, una divertida autoparodia en la que el autor nos muestra una nueva versión de algunos de los momentos de sus obras imaginando como hubiera actuado si fuera “un hombre de verdad” y no el tipo sensible y llorón que es.
Top Ten: The Forty-Niners. Otra maravilla de Moore, y van… Parecía difícil superar la excelente miniserie Top Ten, pero esta precuela lo consigue con una historia llena de clasicismo y maestría y unos personajes con los que se siente empatía desde la primera página. Y no nos olvidemos del impresionante dibujo de Gene Ha, un auténtico disfrute.
Las aventuras sin Lapinot: mi amigo el ordenador. Nueva entrega de estos álbumes temáticos de Trondheim, constituidos por diversas historietas cortas protagonizadas tanto por el propio autor como por algunos de los personajes de Lapinot. Como se puede adivinar por el título, el hilo conductor de esta entrega es la informática y todos los quebraderos de cabeza que la misma conlleva, así que Trondheim nos vuelve a entregar un buen puñado de divertidas anécdotas con su personal estilo.
María y yo. Lejos del sentimentalismo facilón al que se podría prestar el tema tratado, Miguel Gallardo nos cuenta en este tebeo la relación con su hija autista y las dificultades y alegrías por las que pasan en unas vacaciones veraniegas. Gallardo no soporta que miren a María con extrañeza, miedo o compasión, por lo que se esfuerza en demostrarnos en cada página que su hija es “única, como todos los demás”. Además, utiliza un estilo sencillo y muy visual para que, en cierta forma, nos identifiquemos con la forma de ver las cosas de María. Muy recomendable.
MAX Punisher: los esclavistas. Llevo algo de retraso en la lectura de los tomos de Punisher que va sacando Panini sin prisa pero sin pausa, pero me sigue gustando cada entrega, y es que Ennis continúa proporcionándonos las mejores historias del Castigador en muchos años. En esta ocasión, Castle se enfrenta al tráfico de mujeres de Europa del Este, un lucrativo negocio dirigido por excombatientes que no dudan en usar la violencia más extrema para lograr sus objetivos. Sangre, balas y justicia a lo Chuck Norris en este entretenidísimo nuevo arco de Ennis en la serie.






