Conciertazo anoche de Facto Delafé y las Flores Azules en la sala de Alcalá de la Henares de la que ya hablé hace algunas semanas. Había escuchado bastante los dos discos que ha sacado esta banda catalana, una personal mezcla de pop y hip-hop con irresistibles melodías, pero no sabía cómo trasladarían al directo un sonido así. Pues bien, en directo son realmente buenos: las canciones se crecen, contagian su alegría al público con gran facilidad y, además, la voz de Elena es impresionante. Convierten la actuación en una gran fiesta comunal en la que no faltan globos, serpentinas y bailes extravagantes. Una pasada, vamos. Antes que ellos tocaron Templeton, grupo radicado entre Torrelavega y Madrid que resultaron una grata sorpresa (toques de post-rock, ramalazos a Los Planetas…), a ver si tienen suerte, porque se la merecen. Tras el concierto de Facto pinchaba Nacho Canut, pero ya estamos viejos y no aguantábamos más. Y hablando de estar viejo, no sé si se me está agriando el carácter o qué, pero cada vez soporto menos a la gente que va a los conciertos a hablar y no presta atención al escenario. Si quieres hablar con los amiguetes, ¿no es mejor que te vayas a una cafetería o a un bar de copas cualquiera? Pues no, es mejor hablar a grito pelado en un concierto tocando las narices a los que intentamos disfrutar de la actuación. Grrrr (emoticono cabreado aquí).




