En una de las últimas entrevistas a Alejandro Martínez Viturtia que hemos podido leer, afirmaba que no tenía en mente publicar más coleccionables y que los estrenos cinematográficos se aprovecharían a base de tomos en tapa dura con historias seleccionadas de los personajes. Es el signo de nuestros tiempos, la ediciones “de lujo” (y entrecomillo “de lujo” porque muchas veces el lujo está solamente en el cartoné) han ganado la batalla a las ediciones populares. Malos tiempos para los completistas o para los que les gusta tener una buena ración de tebeos semanales por un precio ajustado. Una pena, sí, una verdadera pena lo poco que ha durado este gran invento de los coleccionables.



Todo empezó en el año 2000, cuando a los responsables de Planeta, coincidiendo con el estreno de la primera película de los X-Men, se les ocurrió la feliz idea de publicar una colección semanal que aprovecharía la traducción, rotulación, etc. de unos tebeos ya editados años antes, logrando así sacarla a un precio imbatible y utilizando para ello las prácticas habituales de marketing de esos entrañables coleccionables otoñales dedicados a las más diversas materias (primera entrega muy barata, grandes cartones para destacar en los quioscos…). Todo estaba a favor, no sólo se trataba de las características técnicas, sino que la serie recogía la etapa más aplaudida y clásica de La Patrulla X, la de Chris Claremont y John Byrne (que a mí ni fu ni fa, la verdad, pero tiene un gran tirón entre los lectores). La apuesta debió de salir bien ya que, poco después, y aprovechando el estreno de Spiderman, Paneta sacó un nuevo coleccionable dedicado esta vez al trepamuros, y el éxito fue tremendo (se dice que la primera entrega fue uno de los tebeos más vendidos de la historia reciente de nuestro país). De nuevo, el acierto fue total a la hora de seleccionar el contenido, ya que las historias de Roger Stern gustaban a todo el mundo y conseguían eso tan complicado de poder ser disfrutadas tanto por un chaval de 10 años como por cualquier adulto con algo de imaginación.
Viendo el enorme tirón de los coleccionables, en Planeta se liaron la manta a la cabeza y lanzaron Los 4 Fantásticos de John Byrne, pero el propio Viturtia reconoció que la falta de apoyo cinematográfico se notó demasiado en las discretas ventas de la serie. La ecuación estaba clara: película + coleccionable= éxito. Así que la siguiente fue Daredevil, una película horrible que, sin embargo, dio lugar a un excelente coleccionable que recogía la etapa de Frank Miller en la serie de Matt Murdock. A continuación se arriesgaron bastante dedicando un coleccionable a The Punisher, un personaje poco conocido en general, con una serie de calidad más bien baja, lo admito, y apoyándose en una película casi de serie b. Ignoro qué tal fueron las ventas (me temo que no muy bien), pero yo lo disfruté desde el primer al último número, y es que, si algo bueno tenían los coleccionables, era poder hacerte con largas etapas de tus personajes favoritos de forma rápida y barata.
Si no he olvidado ninguno, creo que el coleccionable de Hulk fue el penúltimo en publicarse, contando además con la novedad de ser en tamaño comic-book. No creo que sus ventas fueran demasiado buenas, más aún teniendo en cuenta la modesta repercusión de la película de Ang Lee, pero fue otro loable intento de recuperar una larga y digna etapa del personaje. El bombazo se lo estaba guardando Planeta para el estreno de Spiderman 2, con un segundo coleccionable arácnido que, además de continuar directamente del anterior, recuperaría la etapa del celebérrimo Todd McFarlane en el título. Desgraciadamente, su salida coincidió con la pérdida de los derechos de Marvel por parte de Planeta y se quedó a medias (por mucho que intentaron ganar tiempo con aquellas entregas dobles).




Con la llegada de los derechos a manos de Panini, pareció que la editorial de origen italiano pretendía seguir la línea maestra creada por Planeta, y aprovechó la primera película de Los 4 Fantásticos para publicar su primer coleccionable. Sin embargo, esto no era lo mismo. El precio ya no era tan competitivo, el diseño muy poco afortunado y, para colmo, se eligió la etapa de Marín y Pacheco como contenido, una etapa que había sido publicada demasiado recientemente por Planeta. Pese a este paso en falso, Panini lo siguió intentando, y parece que logró cierto éxito con el nuevo coleccionable de los X-Men (algo deducible de su inesperado aumento de entregas), aunque contaba con dos factores a favor: que la gente ya había asumido que los precios no iban a ser como antes y, sobre todo, que estábamos hablando de la etapa de Jim Lee en la serie. El último intento ha sido el aún inacabado, a falta de un solo número, coleccionable Ultimate Spiderman. Un producto arriesgado, teniendo en cuenta de nuevo que se trata de un material muy reciente, que no parece haber calado demasiado, al menos a tenor de lo dicho por Viturtia en la entrevista mencionada al principio.
Por su parte, Planeta se hizo con los derechos de DC y decidió adaptar la idea de los coleccionables a los personajes de esta editorial, a los que teníamos tantas ganas desde los tiempos de Zinco. El primero fue el dedicado a Batman, que si bien comenzaba de forma impecable (Batman: Año Uno, Una muerte en la familia…) se acabó perdiendo en la pesadísima e interminable saga de Bane. De todas formas, las ventas no debieron de ir nada mal, de acuerdo a lo dicho por Jaime Rodríguez. La segunda tentativa fue la dedicada a Superman, pero tristemente se acabó hablando más de la mala edición (escaneados horribles, retrasos…) que de los tebeos en sí, lo que supuso otro puñetazo en los morros para el formato coleccionable. En cualquier caso, no hay que olvidar los “otros” coleccionables lanzados por Planeta, los dedicados a los clásicos europeos (Lucky Luke, Los Pitufos, Tomás el Gafe, Iznogud…), en cuya proliferación es probable que tuviera algo que ver el éxito de los coleccionables de Marvel, que descubrieron que seguía habiendo un gran público al que llegar a través de los quioscos.
Y así llegamos a… ¿El final de la historia? Eso parece. Ahora se lleva la tapa dura, el tomo gordo y caro con siete u ocho tebeos seleccionados que, pueden atraer a algún lector casual, pero que ignora por completo a los aficionados al medio y no crea el hábito de seguir una colección en los posibles nuevos lectores. Una pena, sí, una verdadera pena.